La cuarentena establecida tras la declaración del estado de alarma por el coronavirus ha obligado a la totalidad de la ciudadanía española a permanecer en casa. Esta situación, que está provocando cierto agobio a muchas personas, también nos puede servir para aprender (o volver a aprender) algunas cosas que quizá habíamos olvidado.

Esta situación provocada por el coronavirus, en la que llevamos una semana saliendo lo justo de casa por la cuarentena establecida y que se prolongará hasta, al menos, el mes de abril, es la situación más delicada a la que nos enfrentamos varias generaciones. Nunca hemos vivido una guerra, y difícilmente lo haremos en los años que nos quedan por vivir, ya que las guerras hoy son económicas y comerciales ¿Podemos quejarnos por estar un mes sin salir de casa? Ay si nos vieran nuestros abuelos.

Hace tiempo que tengo la sensación de que cada vez somos más imágenes y menos personas. Una sensación que me lleva a pensar que hemos perdido muchas de esas cosas que nos definen como seres humanos, y no como un animal más. Sentimientos, sensaciones, emociones. Hay muchas cosas que, si nos paramos a pensar, podemos aprender de esta puñetera situación. Y, no sé por qué, creo que vamos a hacerlo. Esta situación puede ser un punto de inflexión en nuestras vidas.

¿Cuántas veces hemos oído a nuestros abuelos contarnos historias de la guerra y la posguerra? Historias de cómo era la vida en sus pueblos y cómo tuvieron que emigrar a la gran ciudad para empezar de cero, para tener un futuro alejado de sus lugares de nacimiento que cada vez iban quedando más vacíos. Pues ésta es nuestra «guerra», ésta es la historia que contaremos a nuestros nietos. Ésto que estamos viviendo ahora es historia. Una historia que, para escribirla, sólo requiere que nos quedemos en casa. Nuestros abuelos tenían que coger un fusil y salir a matar, corriendo el riesgo de ser matados.

Llevamos años viviendo a un ritmo que quizá era irreal. Años en los que, para ser feliz, necesitábamos una televisión de al menos 50 pulgadas que cambiaríamos a los tres años; tu coche «no era bueno» si no costaba un mínimo de 30.000 euros; teníamos que haber visitado un mínimo de 48 países antes de los 30 años para haber tenido una juventud completa; años en los que nos daba igual destrozar a una persona porque siempre había otra; comprábamos móviles de más de 1.000 euros para cambiarlos al siguiente modelo, que sólo salía un año más tarde; los restaurantes tenían que salir a un mínimo de 30 euros por cabeza o eran una mierda; los bolsos, de 200 euros para arriba; arrasar con ropa que nunca nos pondremos, dando igual si el pantalón cuesta 20 euros o 90.

¿En qué nos hemos convertido?

Llevamos años idolatrando y haciendo millonarios a niñatos cuyo único valor en esta vida es saber dar patadas a un balón, mientras no nos hemos volcado con aquellos que ahora nos están salvando el culo, los sanitarios. Mientras los primeros nos piden que nos quedemos en casa mientras nos muestran sus mega mansiones, sus mega gimnasios, sus piscinas climatizadas y a sus novias modelos, los segundos nos lo piden con lágrimas en los ojos fruto del estrés y el cansancio. Algunos se han contagiado. Algunos hasta han muerto. Otros van a morir.

Van der Vaart nos pide que nos mantengamos en forma desde la piscina interior de su casa – Foto: as.com

Pero el suyo no era nuestro problema, no era de nuestra incumbencia. La que era su batalla ahora se ha convertido en nuestra guerra. ¿Les vamos a volver a dar la espalda cuando todo pase? ¿En qué van a quedar los aplausos de las 8 de la tarde dentro de dos años, cuando ya hayamos olvidado esto? ¿Vamos a volver a dejar que hagan y deshagan lo que les dé la gana con la sanidad pública?

Ellos se manifestaban, nosotros mirábamos hacia otro lado – Foto: Ahora Noticias Andalucía

También nos hemos dedicado a hacer millonarios a personajes que se han hecho llamar «influencers». Y lo han hecho porque se lo hemos permitido. Personajes generalmente lamentables cuyo único mérito ha sido ¿ser guapos? ¿Salir en un programa metiéndose en la cama de otra persona? ¿Enseñarnos auténticas estupideces que no nos sirven para absolutamente nada?

Ya hablamos el otro día de esas otras personas a las que nunca nadie ve. A los cajeros de los supermercados que, por cuatro duros, están expuestos a contagiarse. A los barrenderos que mantienen nuestras calles limpias. A los transportistas que hacen que llegue la comida al supermercado. A los envasadores que empaquetan los productos para que nos lleguen en el mejor estado posible. A muchos de estos les queríamos negar la subida del salario mínimo porque iba a desestabilizar la economía del país. Eso sí, siempre desde la visión de nuestro trabajito de oficina o el carguito de Loscojones Executive. ¿Qué haríamos ahora sin ellos?

Los cajeros de supermercado, algunos de los héroes que deja la crisis del coronavirus – Foto: DIA

Otra cosa muy importante que debemos aprender es qué hacemos con nuestro voto. Que si «en España no va a pasar nada, si acaso algún infectado». Que si critican la celebración del 8M mientras organizan un acto con 15.000 personas en Vistalegre cuando ninguno de los dos se debía haber celebrado. Que si salen en la BBC a decir que España no está confinando a las personas en sus casas. Que si se preocupan porque su comunidad tenga más mascarillas que nadie, pasándose por el forro la solidaridad entre territorios. Que si no sabían que el Valencia jugaba en Milán porque no les gusta el fútbol y no se preocuparon por los que viajaron. Que si cancelan las Fallas para ponerles fecha tan sólo 24 horas después sabiendo que no se van a poder celebrar en esa fecha y reconociéndolo dos semanas más tarde. También se puede aprender que la política no es fútbol y que podemos aplaudir a partidos del bando contrario y criticar a los nuestros.

Espero que también aprendamos a pedir responsabilidades por lo que está pasando en las residencias de ancianos. ¿En qué condiciones tienen a nuestros padres y abuelos? ¿Dónde han estado los políticos todo este tiempo para que ahora estén muriendo a decenas? ¿Va a pagar alguien por eso?

En la residencia Monte Hermoso han muerto más de 15 ancianos. ¿En qué condiciones estaban? – Foto: El Mundo

Grandes empresas que se acogen a un ERTE. Se ve que Burger King, Iberia, Decathlon y muchas otras grandes empresas no tienen suficiente dinero para aguantar a sus plantillas un mes. Se ve que no tienen millones de euros de beneficios que no pueden destinar a sus empleados, que son los que trabajan para hacerles ricos, y tienen que hacer que les paguemos el sueldo entre todos. Lamentable, pero espero que aprendamos a devolverles el favor.

También podemos hablar sobre si nos hemos dado cuenta ya de que el negocio del pelotazo tan típico español no es rentable más que para cuatro. Que hemos pasado de invertir en I+D+i y ahora vamos de culo buscando soluciones a todo esto. ¿Para qué invertir en ciencia pudiendo hacerlo en ladrillo? ¿Por qué vamos a hacer un plan a X años vista que nos convierta en una potencia (después de invertir muchos millones de euros a formar profesionales que se van al extranjero para tener un sueldo digno) si podemos pegar cualquier pelotazo que nos dé dinero rápido?

¿Y qué hemos hecho con la familia? Ahora les echamos de menos, ¿verdad? ¿Cuántas veces ha sido un rollo tener que ir a comer con tus padres un domingo, un cumpleaños familiar o la cena de nochebuena? ¿Qué opinas de todo esto ahora que sabes que vas a estar semanas o meses sin verlos?

Y ya si acaso, en otro momento hablaremos de los que están aprovechando este momento para comprar cosas tan necesarias como botes de pintura, pizzas o bicicletas de spinning, haciendo que mucha gente tenga que estar trabajando corriendo riesgos para que otros tengan su caprichito en la puerta de casa.

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