¿Cómo? ¿Que el Valencia CF fue campeón de la Copa del Rey de 2008? Imposible, si aquello nunca existió. El Valencia nunca ganó un título entre Benítez y la Copa de 2019. Si aquel año estuvimos a punto de bajar a Segunda, ¿cómo íbamos a ganar una Copa?

Si hay una institución que representa mejor que ninguna otra el «carácter fallero» de los valencianos, esa es el Valencia CF. Pocas instituciones más autodestructivas hay que el club de Mestalla, capaz de estar trabajando durante años para llegar a lo más alto, para luego tirarlo todo por la borda en un abrir y cerrar de ojos. Y quizá también tengamos algún defecto a la hora de recordar y valorar nuestra historia. Más allá de la falta de implicación del club a la hora de celebrar una fecha única como el centenario, quizá los aficionados seamos también un poco manipulables por la enorme lucha de egos que siempre rodea al Valencia CF. Una mezcla de ambos hace que el Valencia campeón de Copa del Rey de 2008 prácticamente haya caído en el olvido.

Una mala gestión del conflicto Quique-Carboni

Parece increíble que el Valencia CF haya llegado a los 100 años de historia viendo la calidad (escasa) de sus sucesivos dirigentes, especialmente de los últimos presidentes. Juan Soler llegó a la presidencia del club en otoño de 2004, durante la época de mayor esplendor de la entidad, a la que aquel años se reconoció como mejor equipo del mundo.

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Juan Soler y Vicente Soriano, una pareja para una serie de Netflix – Foto: El Desmarque

Algo debe tener este club que, a mayor ilusión, mayor hostia. Ha sucedido siempre con los grandes fichajes, y ha sucedido también con los directivos que nos iban a llevar a la riqueza y a la gloria (llámese Juan Soler, llámese Peter Lim). Si eres un valencianista ilusionado, preocúpate porque algo malo está por llegar.

Tras el fracaso de la temporada posterior a la marcha de Rafa Benítez, en la que Claudio Ranieri fue destituido, la primera temporada de Quique Sánchez Flores devolvió la ilusión a la afición valencianista. El equipo parecía recuperar su seña de identidad y también afloró la figura del último gran goleador que ha vestido la camiseta blanca, David Villa. Quizá una cierta falta de ambición impidió a aquel equipo ganar la Liga, que estuvo peleando hasta las últimas jornadas. También es cierto que el principal rival (y campeón) fue el Barcelona del mejor Ronaldinho.

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David Villa se convirtió en la gran estrella del Valencia en su primera temporada – Foto: Golsmedia

La segunda temporada fue el inicio del fin de Quique. Una cuestionable decisión tomada por Juan Soler llevó a Amedeo Carboni a ocupar el cargo de Director Deportivo. La decisión como tal no era preocupante (más allá de la inexperiencia del italiano en este puesto); Carboni era un hombre con muchos años en el mundo del fútbol, era una figura respetada y conocida a nivel internacional, y una auténtica leyenda del club. El problema es que hasta hacía unas semanas había sido un futbolista de la primera plantilla, y, además, había sido defenestrado por el entrenador. Ahora tenía que ser su jefe.

La temporada fue buena en términos generales. El Valencia consiguió clasificarse de nuevo para la Champions League, pero falló en los momentos clave. La eliminación en Champions en Mestalla a manos del Chelsea y la derrota en el Bernabeu ante el Real Madrid privaron a la afición de vivir nuevas noches de gloria. Además, el juego del equipo había involucionado con respecto a la temporada anterior, a pesar de la enorme inversión (llegó Joaquín, siendo el fichaje más caro en la historia del Valencia) y el surgimiento de nuevas estrellas como David Silva. De hecho, algunos partidos en Mestalla terminaron con críticas al equipo y al entrenador.

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Quique Sánchez Flores y Amedeo Carboni, entrenador y Director Deportivo del Valencia – Foto: AS

Aquel verano fue caótico debido a la enorme lucha de egos que vivía la entidad. La relación entre Director Deportivo y entrenador era inaguantable. La salida de Fabián Ayala, la crítica de Quique al posible fichaje de Wesley Sneijder en los medios de comunicación (que, en su gran mayoría, estaban de su parte) y el ostracismo al que se había llevado a Tavano (una de las grandes apuestas de Carboni), llevaron a Juan Soler a tomar una decisión. Y la decisión fue la de despedir al italiano.

Comienza la temporada 2007-08 con división en el valencianismo

Evidentemente, la decisión que tomó el presidente dividió una vez más al valencianismo. Como viene siendo habitual entre los aficionados valencianistas, unos estaban de parte del italiano y otros de parte del madrileño. Empezar así una temporada no suele traer buenos resultados.

Hay que añadir que la política de fichajes aquel verano fue cuestionable. Mientras Amedeo Carboni tenía en mente dar un salto de calidad con futbolistas de primer nivel como el holandés Sneijder (que acabó siendo la estrella del Inter campeón de Champions, Scudetto y Copa italiana), el nuevo Director Deportivo, Miguel Ángel Ruiz, trajo una serie de futbolistas vinculados al representante del entrenador. Fue el verano de la tarifa plana de 18 millones de euros, precio que costaron jugadores como Zigic o Manuel Fernandes, que pasaron sin pena ni gloria por la entidad. También fue el verano que llegó Juan Mata, aquel del que Quique dijo «donde vemos hombres hay hombres, y donde vemos hombres por hacer hay hombres por hacer».

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Manuel Fernandes llegó al Valencia por 18 millones de euros – Foto: 20minutos

Además, el papel de los medios de comunicación fue ciertamente significativo. Era la época en la que Damià Vidagany presentaba «La Taula Esportiva», uno de los programas referencia en la radio valenciana, y prácticamente se convirtió en el altavoz del entrenador. Para el recuerdo quedarán sus constantes «adoraciones» a Fabián Ayala, que bastante retratado quedó en su fichaje por el Villarreal. De Pedro Morata y su programa, casi que mejor no hablar, ya que siempre están en contra de lo que suceda en el club. A río revuelto…

A pesar de que los primeros resultados fueron positivos, con victorias en Almería o contra el Valladolid, las sensaciones no lo eran tanto.  Se percibía un cierto retroceso en la calidad del juego del equipo que, con una de las mejores plantillas en la historia, sufría más de la cuenta y no jugaba todo lo bien que se esperaba.

Y llegó Sevilla . Una dura derrota en el Sánchez Pizjuan puso punto y final a la etapa de Quique Sánchez Flores como entrenador valencianista, que, de este modo, perdería un cargo pero ganaría una vida. En su lugar llegó Ronald Koeman.

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Quique Sánchez Flores en su último partido como entrenador del Valencia – Foto: El Confidencial

Ronald Koeman, la denuncia de Albelda y el caos del club

Mencionar al entrenador holandés en Valencia es casi tan peligroso como pasearse de noche por el Bronx con un reloj de oro. Mira que hemos coleccionado entrenadores nefastos en el Valencia en los últimos años, pero quizá ninguno despierte tanto odio entre el valencianismo como Ronald Koeman. ¡Ni Gary Neville!

El entrenador holandés venía con un buen currículum a sus espaldas, había triunfado tanto en el Ajax como en el Benfica, consiguiendo títulos a lo largo de su carrera. Además, esa mezcla de ADN Ajax y Barça, unido a la gran calidad de los jugadores en la plantilla valencianista, hacía presagiar que se vería buen juego en Mestalla. Pues nada más lejos de la realidad, el juego fue un desastre y los resultados aún peores.

Y con esos malos resultados, llegaron las decisiones. Y la más dura pasó por apartar de la primera a tres leyendas del club: David Albelda, Santiago Cañizares y Miguel Ángel Angulo.

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David Albelda, uno de los iconos del valencianismo, dejando una imagen histórica – Foto: Pinterest

La decisión fue especialmente dura en la figura de David Albelda, capitán del equipo y uno de los líderes del Valencia campeón del doblete en 2004. El de la Pobla Llarga estuvo disconforme (y posiblemente mal asesorado) con la decisión de ser apartado del primer equipo y decidió denunciar al club de su vida. De este modo, Albelda pasó de ser uno de los grandes ídolos del valencianismo a uno de los grandes traidores para una buena parte de la afición, que no perdonó su decisión. Otra parte importante de la afición se posicionó del lado del capitán y el valencianismo quedó dividido una vez más.

Éxito en Copa del Rey y desastre en Liga

La decisión de apartar a las tres leyendas coincidió en el tiempo con la primera eliminatoria del Valencia en Copa del Rey. El primer rival era el Real Unión de Irún y aquello no debería ser más que un puro trámite, pero el incendio provocado en el vestuario podía traer consigo el desastre absoluto.

Afortunadamente, el Valencia pasó la eliminatoria sin problemas, pero seguía haciendo aguas en Liga, competición en la que el equipo se iba hundiendo en la clasificación. La siguiente ronda llevó al club de Mestalla hasta Sevilla para enfrentarse al Real Betis, y la eliminación se daba casi por hecha. Pero nada más lejos de la realidad, ya que el Valencia se impuso en ambos partidos por el mismo resultado, 2-1.

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Ever Banega y Xisco Muñoz pugnando por un balón en la eliminatoria de Copa del Rey de 2008 – Foto: El Desmarque

Fue en esa época cuando llegó a Valencia uno de los genios incomprendidos que han pasado por Mestalla, Ever Banega. El mediocentro argentino dejó destellos de su calidad, especialmente en la eliminatoria contra el Atlético de Madrid, en la que se impuso el Valencia con una doble victoria por 1-0 y 2-3. Su mala cabeza le impidió triunfar en Mestalla. Pero esa eliminatoria también supuso el descubrimiento de una delicia de jugador, Juan Mata. Aquel «hombre por hacer» dejó sus primeros destellos de calidad con la camiseta valencianista y se convirtió en clave para la consecución del título de Copa del Rey con sus goles y sus grandes partidos.

Y con todo este panorama magnífico en Copa y desastroso en Liga (que acabó con la dimisión del máximo accionista, Juan Soler), con un club destrozado en sus adentros y un equipo que se iba a Segunda División, llegó la semifinal contra el todopoderoso FC Barcelona. En la ida, una actuación magistral de Timo Hildebrand, el portero «que no paraba ni un taxi», hizo que el Valencia llegase con vida a Mestalla tras empatar a un gol en el Camp Nou. Hay que recordar que el Valencia hubiese ganado ese partido de no ser por Iturralde González, aquel que era más showman que árbitro, que concedió un gol en fuera de juego a los azulgrana. Afortunadamente, aquello quedó en anécdota.

Del partido de vuelta, casi que lo mejor es dejaros con este resumen, porque fue otra de las grandes noches en Mestalla. Ante más de 50.000 espectadores, el Valencia hizo uno de los mejores partidos en lo que va de siglo.

16 de abril, el Valencia CF se proclama campeón de la Copa del Rey 2008

Si ha habido una final de Copa del Rey extraña en la historia del Valencia, incluso por encima de la famosa final del agua, es la de 2008. Al contrario que en la actualidad, la final de Copa se disputó entre semana (hoy en día se juega en sábado) y en mitad de la competición liguera (actualmente suele ser el último partido de la temporada en España).

Además, el rival no era uno de los históricos, sino un meritorio Getafe que daba sus primeros pasos en la élite del fútbol español. Aquel era un cóctel un tanto difícil de digerir, ni el día de la final, ni el rival, ni la clasificación del Valencia en Liga invitaban a disfrutar de una final, pero aún así, la afición valencianista no falló a la cita. ¡Hasta el Rey estaba a favor del Getafe!

Miles de aficionados blanquinegros de desplazaron hasta Madrid para disfrutar de la extraña final en el antiguo Estadio Vicente Calderón. Quien estuvo allí dice que fue uno de los mejores días de su vida. ¡Como para no serlo! Todo el sufrimiento que sentía la afición en Liga quedó en el olvido durante unas horas maravillosas. Los goles de Juan Mata, Alexis Ruano y Fernando Morientes hicieron campeonar al Valencia CF por séptima vez en el campeonato de Copa.

Tal era la alegría que vivió el valencianismo aquella noche, que miles de aficionados se lanzaron a las calles de la ciudad para celebrar aquel título. ¡Incluso algunos cantaron «Koeman quédate»! Imagina la alegría que sintieron aquellos valencianistas para llegar a cantar aquello al enemigo público número uno. Pero, a pesar de la alegría, aquel día se cometió un error histórico.

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Ronald Koeman celebrando el título de Copa del Rey de 2008 – Foto: Mundo Deportivo

La Copa del Rey que no se celebró

Supongo que no sorprendemos a nadie si os contamos que Valencia, una vez más, estaba dividida en dos bandos. Había valencianistas que estaban de lado del capitán y valencianistas que se pusieron del lado del club. Los siempre interesados medios de comunicación contribuyeron negativamente en aquella división, siempre en función de sus intereses. Realmente, pocos miraron por el bien de la entidad, y aquí podemos entrar todos.

No sólo la afición estuvo dividida, sino que también lo estuvo la plantilla. Mientras Rubén Baraja y Carlos Marchena se echaron el equipo a la espalda y contribuyeron positivamente en la consecución del título de Copa y de la salvación en Liga, otra facción de la plantilla se posicionó del lado de sus compañeros apartados. En meses posteriores fue habitual escuchar a Joaquín Sánchez (que dejó más recuerdo en Valencia por sus chistes que por su rendimiento), insinuar la afición de Ronald Koeman por el consumo de alcohol. Otros fueron más prudentes; incluso se dio a entender que Albelda, Cañizares y Angulo no serían los únicos que se apartaría, situación que no se vivió.

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Rubén Baraja, uno de los grandes protagonistas del Valencia campeón de Copa del Rey en 2008 – Foto: Ciberche

El caso es que aquel título no se celebró, y aquel fue un error histórico. Podría entender esa decisión (y tampoco) en una entidad acostumbrada a celebrar títulos como pueden ser el Barcelona o el Real Madrid. ¿Pero el Valencia? Los valencias estamos tan poco acostumbrados a ganar títulos que celebrar uno es, sin lugar a dudas, una de las experiencias que debes vivir en esta ciudad.

Realmente, no recuerdo de quién fue aquella decisión, si vino de la plantilla o de la directiva, pero privar a una afición necesitada de alegrías fue un auténtico desastre. Un desastre aplaudido por ciertos medios, que parecían más interesados en el descalabro del club que en su salvación, y que no criticaron aquella mala decisión. También eran los mismo medios que decían aquello de «la Copa la han ganado los jugadores y el desastre en Liga es culpa del entrenador».

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Tras ganar la Copa del Rey, Ronald Koeman fue destituido como entrenador del Valencia – Foto: AS

Lo que vino a partir de entonces es historia. El Valencia recibió cinco goles en su siguiente partido liguero contra el Athletic de Bilbao y Ronald Koeman fue destituido. Voro se hizo cargo del equipo, los apartados volvieron a entrar en las convocatorias y el equipo salvó la categoría. Y el Valencia no volvió a ganar un título hasta 11 años después.

La temporada que debería hacer reflexionar al valencianismo

Si algo dejó clara toda esta temporada es que el Valencia CF es un club diferente, capaz de lo mejor y lo peor al mismo tiempo. Un club capaz de tenerlo todo de frente y tirarlo a la basura. Un club capaz de ganar un título cuando todo está en contra.

¿Se repitió la historia de Quique con Marcelino? Supongo que hay mil diferencias. Igual con Quique en el banquillo el Valencia no hubiese ganado la Copa del Rey pero no hubiese hecho el ridículo en Liga. Igual hubiese hecho una temporada como la que hizo, ¿quién sabe?

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Marcelino García Toral, el último entrenador en ganar un título con el Valencia CF – Foto: Mundo Deportivo

Lo que queda claro es que el valencianismo no puede estar constantemente dividido, y que ni los malos son tan malos, ni los buenos son tan buenos. Lo que queda muy claro también es la capacidad de los medios de comunicación en orientar nuestra opinión, unos medios que miran más por sus propios intereses que por los de la entidad. Porque, al final, el Valencia no es sólo un lucrativo negocio para futbolistas y dirigentes, sino que también lo es para una parte importante del entorno.

Si viviendo la temporada más convulsa de la historia el Valencia se proclamó campeón de la Copa del Rey de 2008; si estando siempre divididos se puede conseguir grandes éxitos, ¿qué sucedería si estuviésemos unidos? Podríamos probar al menos una vez, a ver qué pasa.

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