Cartas de los lectores: Grezzi, vecinos, ya está bien

¿Tienes alguna inquietud sobre la que te apetezca escribir? ¿Alguna crítica, queja o alabanza al equipo de gobierno actual? ¿Quieres dejar tu opinión sobre algún tema de actualidad de Valencia? Si es así, puedes enviarnos tu artículo por email a info@valenciaculture.com y lo publicaremos. Así ha hecho nuestro amigo Pablo González, que no está muy de acuerdo con la política de movilidad de Giuseppe Grezzi, pero tampoco con algunas de las actuaciones que tenemos los ciudadanos.

Estamos asistiendo a diario a las decisiones e imposiciones que perpetra, en nuestra ciudad, el equipo que aplica su particular criterio a la circulación; desde el responsable de movilidad, siempre con la anuencia de la ‘compromesa’ vice del Consell y hasta el pancatalanista principal de la urbe. Con desconocimiento de efecto, imposición de causas y un vacío reconocimiento de errores.

No sólo es la aberración de la multiplicidad de ciclocarriles, de los que ya se ha ahondado en opinión desde diversos sectores de la sociedad, por su falta de practicidad y contratiempos que acarrean a la población. No es sólo por los contenedores de residuos que están mal posicionados por aquellos que vigilan que las bicis tengan más derechos que el resto de los mortales, impiden la visibilidad y pueden ser causantes de algún accidente.

¿Qué el centro de Valencia es un escape room enorme donde las penalizaciones son en pago de aparcamientos, zonas azules y naranjas, tributos, gravámenes, multas, sanciones y gymkhanas que perturban el tránsito y amenazan la circulación de vehículos de emergencias? Pues, claro. Agregamos contenedores de obra, zonas de carga y descarga, multiplicidad de pasos de peatones, plazas reservadas para vehículos oficiales, vehículos autorizados, movilidad reducida, zonas para motos que no se utilizan, maquinarias para construcción, bolardos, zonas para taxi, podas, pasacalles, procesiones, mudanzas, cambio de sentido de calles y avenidas sin ton ni son, cambio de nombres repentinos que nos hacen sentir fuera de lugar, etc., etc., etc… De si la ciudad se debe llamar en valencià o en castellano, de si las políticas sociales son ‘cadira’ de campaña con tres o cuatro patas, de si los presupuestos se silencian si están los nuestros y se reclaman si están los oponentes.

También debemos acusarnos en lo propio, tomar conciencia que se hace muy difícil (y cada día más) encontrar plaza de aparcamiento. Hay demasiados vecinos que abandonan literalmente a sus vehículos en nuestras calles; coches que no se moverán por semanas, a veces meses, muchas de ellas intemporalmente. Nadie los usa, nadie los retira, nadie los denuncia. Alguna de estas personas a las que saludamos a diario, a las que ponemos nuestras mejores sonrisas, las que también tienen su opinión, respetable lógicamente aunque no compartible en este aspecto, dejan mal estacionados o sólo les falta escriturar a su nombre espacios de uso común. Los mismos que ‘reservan’ plaza para sus vehículos con motos que ocupan lugares durante todo el día; algunos que aparcan usufructuando dos lugares o que se estacionan tan separados que cabría medio coche más a cada lado. Seguramente podríamos encontrar más casos, aunque éstos son sólo algunos de los que visualizamos a diario. Me olvidaba de los que utilizan plazas reservadas a discapacitados para bajar ‘un minuto’ y se quedan durante bastante más de uno.

Veamos nuestro comportamiento:

Hay un conciudadano que está necesitando, y esperando pacientemente, aparcarse. Hay otro que está para salir, que ve que estás esperando. Se quita su abrigo con toda la parsimonia, lo guarda con todo cuidado, conecta su teléfono, baja las ventanillas, enciende el aire acondicionado, conecta su navegador, acomoda sus bártulos, abrocha su cinturón, pone en marcha el motor, pisa los frenos, luego de unos eternos ‘instantes’ pone la marcha y, luego de unos ‘pocos’ minutos, se retira haciendo una maniobra lenta y displicente, como si él fuera el dueño de la calle. Mientras tanto, los que están detrás de ti, te están pitando porque provocas un mini-atasco y estás retrasando sus actividades. ¿No te parece una falta de respeto, de consideración por parte de quien ha desencadenado originalmente la situación?

La otra te ocurre, cuando llegas a casa, a la noche, cansado, y comienzas a dar vueltas para poder dejar tu medio de transporte. Ahí corroboras que, hay vecinos tuyos que han abandonado a sus vehículos. Y te das cuenta porque la noche anterior, y la semana de hace un mes, y la tarde desde hace dos años, ves que el coche blanco no se mueve del lugar lateral al contenedor, desde hace ya… Y ves que un coche francés que tiene más de veinte años, que apareció una noche en el lugar que, por lo general y a la hora que tu llegabas, estaba vacío, pero que hace un mes lo notas que está mal aparcado, torcido, con los cristales sucios, los neumáticos que van juntando suciedad bajo de su desinflado perfil. Y te encuentras con un antecesor del SUV que está en la puerta de tu casa que lleva casi dos años abandonado a su suerte, con rayones diversos, y todas las marcas características de estar tirado de modo permanente.

Llegas a una zona donde los lugares para aparcarse no sobran (ah, pero hay lugares donde sobran?) y te encuentras con un scooter que ocupa el sitio de un coche. Claro que tiene derecho, aunque los conductores de automóviles no podemos usar los lugares destinados para motos. El derecho suyo no le habilita a que esa moto ocupe, habiendo lugares más que suficientes, en cantidad y tamaño, para que estacione su vehículo, una plaza de automóvil. ¿Acaso el derecho debería estar reñido con el civismo, las buenas costumbres, las normas básicas de convivencia? ¿Y si la utiliza para que, a la noche, mantenga un sitio para la furgoneta de su dueño?

Se estaciona en segunda fila y, encima, deja el coche frenado. El que quiere salir, que cumple las normas, y se quiere ir, comienza a hacer sonar su claxon, contaminando acústicamente, pero no es su responsabilidad, es la del que lo dejó con frenos puestos, que parece que tuviera una deficiencia auditiva y hace que no se entera, que demora con la esperanza de que si llamas a la grúa, va a demorar y que, cuanto más demores tú en llamarla, más demorará ella en venir. Abusa de tu tiempo y de su suerte. ¿No percibes unas iracundas señales dentro de ti? Encima llega con una sonrisa, diciéndote que te esperes un instante, que ya va, que aún no ha acabado, o que no te oía…

No es más limpio el que más limpia, sino el que menos ensucia. El que más recicla, el que no pisa los cuidados jardines, el que no se salta los semáforos, el que respeta los pasos de peatones, el que ayuda a la gente mayor, el que asiste con una sonrisa al turista. Ese es el tipo de ciudadano que deberíamos ser.

Creo que lo que nos está faltando es civismo, respeto por los demás, empatía. Eso no depende del gobierno que tengamos, no depende del nivel de ingresos, no está en función de tu cultura, de si estudiaste en un colegio público, privado o concertado, nacional o extranjero, sólo depende de lo que te hayan enseñado tus mayores, de tu educación.e

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