Aberraciones paelleras vol. 1: el arroz con cosas en El Escorial

Arrancamos la sección de aberraciones paelleras en El Escorial.

Hoy comenzamos un nuevo serial de artículos en Valencia Culture Magazine sobre aberraciones paelleras. Nos comprometemos a probar la paella allá donde la ofrezcan fuera de Valencia, y si es un horror, os lo contaremos. Vale reírse de nosotros y, por qué no, maldecir al cocinero de turno.

Uno de los grandes defectos de quien escribe este artículo es que es muy cabezota. El otro es que también es un poco tonto, aunque aquí el grado depende siempre de con quien lo compares. El caso es que es inevitable que, como enamorado de la paella, siempre que vea esa bonita palabra en la carta de un restaurante, se me iluminen los ojos pensando que voy a probar un plato delicioso. Y casi siempre sufrimos la misma decepción. Eso es de todo menos lo esperado. Eso es una de las aberraciones paelleras.

Tras la visita al precioso pueblo de El Escorial (imprescindible ir al menos una vez en la vida) y volver a caer en la trampa de la maldita y maravillosa palabra paella, decidí que era una buena oportunidad para denunciar lo que hacen nuestro plato estrella. Ojo, siempre sin nombrar al restaurante de turno ya que cuesta mucho desmontar una mala publicidad. Y, por qué no, para que corráis nuestra misma suerte, no os lo vamos a dejar todo tan fácil.

¿Qué nos encontramos cuando pedimos paella en El Escorial?

¿Podemos quejarnos cuando el nombre puesto es «paella» y no «paella valenciana»? Si nos ponemos puristas, sí, ya que paella sólo hay una, que es la valencianapael. Pero no lo indicaba. Y cuando uno pide paella en Madrid ya sabe a qué se expone: la temida e incomprensible paella mixta, ese plato que no hay por donde cogerlo ya que el pollo y el marisco no casan. Aunque, a decir verdad, en alguna ocasión hemos podido probar alguna que se dejaba comer, pero no se lo contéis a nadie.

El caso es que aquel platazo (por el tamaño) animaba poco a ser degustado una vez lo tuvimos ante nuestros ojos. Abundante arroz largo, pollo, pimentón, calamares y algún animalito marino más. En serio, ¿por qué esa puñetera costumbre de hacer «paella» con arroz largo? Si ese arroz es lamentable en sí mismo, como para utilizarlo para la paella. Como guarnición tiene un pase, pero como arroz principal…

¿Verdura? ¡Pa qué van a ponerle verdura! Ni una, ojo. Eso sí, el pimiento rojo, ese componente que condiciona el sabor de todo el plato, que no falte. ¡Sacrilegio! Y caldo por un tubo, no vaya a ser que se les ocurriese pensar que la paella es un arroz seco y no meloso.

En fin, decepcionante, una vez más. Y primera de las aberraciones paelleras que os contaremos a partir de ahora. Porque atención, la siguiente es una paella de marisco que probamos en Estrasburgo. Imaginaos lo que viene por delante.

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