Las Fallas, ¿Patrimonio de la Humanidad o megabotellón?

Terminan las Fallas de 2019 y es hora de volver a ponerse manos a la obra. Las Fallas de 2020 ya son el objetivo de miles de falleros y artistas. Pero, con el fin de las Fallas también es hora de analizar qué ha sucedido y cómo se puede mejorar.

Todavía recuerdo la gran emoción que supuso en los valencianos el nombramiento de las Fallas como Patrimonio de la Humanidad. Ese reconocimiento de la UNESCO era tan justo como necesario. Décadas de tradición, arte y pasión bien merecían un premio internacional. No había fiesta en España que lo mereciese más que las Fallas.

Como no podía ser de otra forma, los valencianos nos frotamos las manos ante la nueva oleada de turistas que vendrían de todos los rincones del mundo. Eso calmaría nuestro ego (aunque no lo creamos, las Fallas son muy desconocidas fuera de España) y llenaría nuestros bolsillos. Si en tiempo de guerra todo agujero es trinchera, en tiempos de crisis todo ingreso externo es bienvenido. Y que nos digan lo guapos que somos también viene bien. Pero creo que se nos ha ido de las manos.

Es cierto que han venido turistas extranjeros. Muchos. Muchísimos. ¿Demasiados? Es posible. Ojo, que no son los únicos guarros, que en cuanto a «cerdismo» también tenemos buenos especímenes por aquí.

Ya planteábamos en 2017 si estas eran las Fallas que queríamos. Nos referimos a las Fallas del botellón, de los meados en las calles, de los vómitos en las esquinas, de las juergas sin final feliz o del olor a comida ante el uso y el abuso de los puestos ambulantes de venta de comida. ¡Si hasta era más fácil comprar fundas para el móvil que cajas de petardos!

¿Queremos ser el San Fermín de marzo? ¿Queremos que se conozca nuestra fiesta más importante por un acto (llámese mascletà, por ejemplo) y por las juergas que se mete la gente hasta la madrugada? Porque el concepto que se tiene de San Fermín fuera de Pamplona es ese, encierro y botellón.

No es que yo sea muy fallero, pero lo que tengo claro es que las Fallas son el trabajo de los falleros durante un año entero, los pasacalles, las bandas de música, la plantà, la cremà, las mascletàs, la ofrenda o el chocolate con buñuelos. Eso es lo que se debe dar a conocer ahí fuera. Ya está bien de prostituir nuestra fiesta a cambio de un buen puñado de euros, de hacer negocio a costa de ensuciar algo que ha costado décadas que tenga el reconocimiento que merecía. Ya está bien de ser el Megabotellón de Europa recibiendo turistas a los que la fiesta fallera les importa entre cero y nada. ¿En serio tienen que «blindar» la Lonja por culpa de los borrachos maleducados que mean sus paredes?

La Lonja de Valencia, blindada ante posibles daños durante las Fallas 2019.

Por suerte o por desgracia vivimos en una época en la que viajar es muy barato. Y eso es una maravilla porque ha abierto nuestra ciudad al mundo y muchos medios la consideran como una las visitas imprescindibles en Europa. Pero Valencia sin Fallas no sería Valencia. No podemos permitir que se siga ensuciando nuestra fiesta de esta manera. No.

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