Ricardo Darín vuelve a los escenarios con “Escenas de la Vida Conyugal”

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Tras su éxito arrollador en Argentina, donde ha sido vista por más de 150.000 espectadores y la gran acogida en Barcelona y Madrid llega al Teatro Olympia de Valencia “Escenas de la Vida Conyugal”, la comedia dramática que cambió para siempre el concepto de la palabra matrimonio. Se estrenó anoche y la enorme cantidad de medios que asistimos el día anterior a la rueda de prensa, ya presagiaba el lleno absoluto de ayer, por suerte tienes tiempo para ir ya que estará en cartel hasta el 6 de diciembre.

Más de 20 años de matrimonio dan para mucho, situaciones a veces divertidas, a veces, dramáticas, y otras veces, hasta violentas. Juan y Mariana, los protagonistas de esta comedia dramática, relatan al público una secuencia de escenas que tiene que ver con la relación que mantienen durante su matrimonio y la que continúan llevando aún después de haberse divorciado. Al público asistente le resulta imposible no identificarse por lo menos con algunas de las situaciones o reacciones de los personajes, pueden resultar divertidas o dramáticas, pero siempre tienen que ver con el amor y la condición humana. Ahí es donde reside el gran éxito de esta obra, en la identificación que sienten los espectadores con los personajes, generando un curioso juego en donde se ríen a carcajadas aunque sobre el escenario los protagonistas estén manteniendo una gran discusión.

Después de varios años de ausencia de los escenarios, Ricardo Darín regresa al teatro en compañía de Érica Rivas, para asumir uno de los compromisos actorales más importantes de su carrera. Los actores argentinos trabajan juntos de nuevo después del enorme éxito de la película Relatos Salvajes, esta vez bajo la dirección de la gran dama de la escena argentina Norma Aleandro, en una versión teatral que Ingmar Bergman hiciera sobre su película del mismo nombre.

Darín afirma que su personaje, sobre todo para las damas no es un seductor, es un hombre que está viviendo un conflicto. Su personaje plantea las cosas a su mujer de manera desgarradoramente brutal, porque puede tener mil defectos pero decide poner la sinceridad por encima de todo, y porque no querían que despertase empatía con la gente, pero dice que curiosamente, a la audiencia le gustan los galanes medio detestables.

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Nuestra crítica (8/10)

Esta pieza es una crítica feroz a la institución del matrimonio o más bien a la farsa en la que much@s dejan que se conviertan las relaciones de pareja, despojándolas de lo más importante, la honestidad y priorizando influencias externas como el qué dirán, cómo nos ven los demás y que esperan de nosotros. La producción argentina difumina con bromas la amargura y frustración de la pareja que ve cómo progresivamente su historia hace aguas, un desmoronamiento que probablemente ya hacía tiempo que había empezado pero que se negaban a admitir.

La obra en sí, con una mínima puesta en escena, no deja de ser más que la historia amorosa de una pareja y la montaña rusa de altibajos emocionales en la que se ven envueltos. Lo que eleva esta comedia agridulce a otro nivel son sus diálogos y una gran dirección e interpretación. El personaje de Darín evoluciona de ser un marido dócil a un egoísta y déspota soltero que se escuda en la sinceridad para no tener en cuenta más que sus propios sentimientos y deseos. Rivas pasa también por diferentes actitudes, histérica y preocupada por el postureo y lo que se espera de su matrimonio, manipuladora, triste o resignada ante el abandono para acabar por liberarse.

Resulta extraño que ante situaciones verdaderamente tensas y dramáticas, el espectador responda con risas, está claro que muchas son espontáneas, pero una no puede evitar preguntarse si otras no son más bien provocadas por la tensión, una risa amarga que asoma al acabar de descubrir a través de un conflicto en el escenario uno propio.

En definitiva una obra con un texto muy interesante defendido con grandes interpretaciones que le hace a una preguntarse, si los conflictos de pareja son iguales desde 1973, ¿significa que no evolucionamos? El desmoronamiento de una pareja que, pese a romperse ya sea por el sexo, el cariño o la complicidad del pasado compartido impide que los lazos se deshagan y deriva en una relación ¿libre de cargas y compromisos? ¿Será eso cierto? ¿O hay relaciones que nos marcan y nos enganchan tanto que nos generan tal dependencia que no somos capaces de romper realmente del todo?

Fotografías de David Macías

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