Relatos cortos: La noche de Todos los Santos

Autor: Tomás Giménez

Para la inmensa mayoría de las personas esta noche es motivo de fiesta y diversión, sin embargo, la cruda realidad es, que para los que estamos en continuo contacto con las almas en pena, que moran al otro lado, el asunto no es tan divertido, sino todo lo contrario, se torna en algo incómodo y desagradable.
Hace muchos años que vivo solo, tantos que no recuerdo muy bien cuanto hace de ello, en mi pequeña, solitaria y algo destartalada casa del pueblo que me vio nacer una fría mañana de invierno, pocos años después de que terminara la guerra. Todas aquellas personas que conocí tiempo atrás están muertas, o bien acabaron abandonando el pueblo y perdiendo todo contacto. Incluso Miranda mi hermana melliza fallecida trágicamente en un accidente, o así por lo menos fue dictaminado por la guardia civil, mientras estábamos de caza una madrugada de otoño con papá, sin poder evitarlo y sin saber muy bien cómo llegó a ocurrir, le descerrajé un tiro en el pecho, con la escopeta que aquel año me había regalado papá. Murió desangrada entre lavandas y romeros sin que nada pudiésemos hacer por ella.
Días después angustiado por la culpa de haberme regalado aquella escopeta por mi onomástica y llevado de caza aquella madrugada, papá viudo desde hacía varios años, no pudo soportar el dolor de la perdida de Miranda y acabó suicidándose con la misma escopeta que fue motivo de aquel trágico accidente, o así por lo menos fue dictaminado por la guardia civil.
Desde que éramos pequeños mi hermana y yo íbamos juntos a todos los sitios, nos gustaban las mismas cosas y compartíamos las mismas aficiones. Tan solo nos diferenciaba nuestro sexo y nuestro carácter, mientras que yo siempre fui un tipo introvertido y poco hablador, Miranda era todo lo contrario, lenguaraz, dicharachera, con una facilidad asombrosa para relacionarse con otras personas. Incluso se podría decir que algo promiscua. Recuerdo que en ocasiones me decía, que era como un ermitaño y que no alcanzaba a entender cómo podía vivir abstraído en mis pensamientos y abandonado a mi soledad.
Ahora Miranda y papá, las frías y ventosas noches de otoño, deambulan por el jardín descuidado de la casa, errantes, sin rumbo determinado, como si no encontraran su sitio en aquel lugar donde se encuentran. Incluso no interactúan entre ellos, como si fuesen dos completos desconocidos.
Únicamente el día de Todos los Santos, alrededor de media noche, entran en la casa y aparecen junto a la chimenea del salón con un aspecto como translucido, cianóticos y algo demacrados, imagino que debido a que llevan más de cuarenta años muertos, desprendiendo un fuerte olor a pólvora, y con los boquetes que les produjeron los impactos de escopeta, todavía humeantes en sus cuerpos etéreos.
Ahí se quedan unos instantes, junto al fuego, observándome fijamente, como apenados, pero a su vez su expresión denota una gran furia. Solo en el último instante antes de desvanecerse por completo, al unísono se les oye decir en un tono escalofriante… ¿Porque lo hiciste?
Después solo queda el fuerte olor a pólvora y una intensa congoja invade mi ser, en mi cabeza se repite una y otra vez. “Fue un accidente, o así por lo menos fue dictaminado por la guardia civil”.
Todavía colgada sobre la chimenea, conservo la escopeta que protagonizó aquel terrible accidente, o así por lo menos fue dictaminado por la guardia civil, como si fuese un billete que en cualquier momento me permitiese emprender el viaje, allí donde ellos moran.
FIN
Autor: Tomás Giménez
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1 comentario en Relatos cortos: La noche de Todos los Santos

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