París no estaba hecho para nosotros

24 de mayo de 2000. Con un par bien puesto, el Valencia CF se plantó en la final de la Champions League. La primera en su historia. Y encima ante el rival más odiado, el Real Madrid. Era la hora de culminar la vacilada que aquellos tíos le habían pegado a toda Europa, después de arrasar a los todopoderosos Lazio y Barcelona en cuartos y semifinales. Pero aquello quedó en un sueño. Un sueño que no tiene por qué ser una pesadilla, sino simplemente un cuento de princesas sin final feliz.

Porque aquello es lo que fueron los días previos a la gran final de Saint Denis: una gran fiesta. Todo iba rodado. El equipo venía de clasificarse para la siguiente edición de la Liga de Campeones en la última jornada remontando a un Zaragoza que se jugaba la vida en Mestalla; se había conseguido una racha ganadora en los últimos encuentros que hacía presagiar una gran noche en París; y las contundentes victorias ante Lazio (5-2 en la gran noche de Gerard) y Barcelona (4-1) hacían que el Valencia fuese el gran favorito para hacerse con aquella copa.

Claro que, como en un cuento de princesas, la Cenicienta perdió su zapato de cristal. Carboni, uno de los líderes de aquel equipo, el italiano ese que venía de vacaciones y a llevárselos, no podría jugar el partido tras recibir una absurda tarjeta amarilla en la vuelta de la semifinal. Lamentablemente, la cenicienta naranja no sólo perdió un zapato, sino que se quedó sin los dos. Kily y Farinós estaban tocados, muy tocados, y jugarían el partido en baja condición física.

Pero todo aquello daba igual, la Champions era nuestra. El Madrid había quedado quinto en Liga, nosotros terceros, y no habían podido ganarnos en ninguno de los enfrentamientos previos. Una victoria, un empate, y un 6-0 conseguido apenas un año antes. ¿Qué podía estropear nuestra fiesta?

París era naranja. El Madrid era el príncipe azul, estaba acostumbrados a aquellos bailes de gala. Nosotros eramos el actor de reparto que, inexplicablemente, se llevó a la princesa a su cama. Y, cual hombre primerizo en su primera relación sexual, el exceso de emoción hizo que la fiesta durase un suspiro, lo que tardó el balón en rodar.

Lo que sucedió esa noche queda como un nublado recuerdo en la memoria del valencianismo. Incluso quien os escribe, que estuvo en las gradas del Stade de France aquella noche primaveral con 15 años, apenas guarda recuerdo de lo vivido. Pero sucedió. Y tal como sucedió, se aprendió, se corrigió y se crecio. Pero lo que queda claro es que París no estaba hecho para nosotros.

Puedes seguirnos en Twitter: @ValenciaCulture y @Monle85

Síguenos en Facebook: Valencia Culture Magazine y Top Valencia

Suscríbete a Valencia Culture Magazine

Suscríbete en nuestra web y recibe toda la información de Valencia al instante

Be the first to comment

Deja un comentario