Nadie es Haití

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Haití, ese país caribeño dejado de la mano de Dios, olvidado por todos, descubierto por españoles, cedido a franceses, primer país de Latinoamérica en obtener la independencia de la metrópoli europea, bloqueado económicamente por sus esclavizadores franceses tras ser derrotados y expulsados de la isla. Invadido militarmente por los yanquis a principios ya del siglo XX para salvaguardar los intereses de un banco norteamericano en la isla (qué ironía de la vida: para salvar un banco privado invaden un país). Nuevo golpe de estado de Norteamérica porque la situación se hacía irresistible, colocando a un dictador títere y a la muerte de éste, su hijo le sucede intentando ser peor y más criminal que su padre, cosa que no consiguió. Exiliado y de nuevo un golpe de estado y desde hace unos 10 años viven en “democracia”.

Hoy Haití es el país más pobre de toda América y uno de los más pobres del mundo. Su masa boscosa a principios del siglo XX se redujo al 60% de su superficie original y hoy en día sólo un 2% del país está arbolado. La energía de los pobres, la madera, para poder calentarse y poder cocinar lo poco que tienen que echarse a la boca. Más del 75% de su población vive en el umbral de la pobreza. Cuando hablamos de pobreza en un país como Haití, hablamos con mayúsculas: POBREZA.

lajornadadigital.do
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No tiene ningún equipo deportivo o atleta que suponga para la población esa especie de morfina o antibiótico de la que algunos países disfrutan para poder olvidarse de sus miserias. Eso es Haití hoy en día. En la era de las telecomunicaciones, de internet, del Guasap, de la prima de riesgo, de las tarjetas black, nada de eso les afecta. Bueno sí, algo o mucho de corrupción genética de sus gobernantes y la sumisión de la población que no ve ningún futuro salvo en la emigración a otros países. Gente que no ha podido acceder a la cultura, a estudios, a escuelas, a universidades, se ven abocados al fracaso de sus vidas.

Y por si esto fuera poco, las catástrofes de la naturaleza que, periódicamente, como un reloj maldito, les recuerda que los humanos somos muy pequeños e insignificantes, y ellos más. Terremotos, huracanes, con sus muertes directas y la destrucción de sus viviendas que, como casi siempre, se ceba en los más pobres, en los más desfavorecidos; las enfermedades que tras estas desgracias aparecen, epidemias de las que nunca hemos oído hablar porque hace más de 100 años que los europeos las erradicamos. En poco tiempo el mundo reacciona, la ONU envía primeros auxilios, los países “solidarios” envían sus helicópteros con sus soldados ataviados con sus gafas oscuras Rayban, con sus equipaciones impecables, limpios, impolutos, repartiendo las consabidas mantas y depuradoras de agua (quizá inútiles porque luego les faltarán generadores o tomas de luz). Gente famosa y guay, gobernantes de todos los lugares haciéndose fotos a los pies de sus aviones y helicópteros, dando ánimos a los damnificados. Sólo unas pocas ONG, como siempre, ofrecen realmente los primeros y los segundos auxilios, sin fondos, sin medios, simplemente con su solidaridad, palabra manoseada por todos.

elpais.com
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Cuando transcurren unos días y ya los noticieros ya no se hacen eco de lo que ocurre después de estas calamidades, la gente se olvida, Dios sigue dejándolos de su mano, abandonados, volvemos a lo de siempre, a la prima de riesgo, a la bolsa, al Dow Jones, a la corrupción.

Je suis Charlie, Je suis Paris, Je suis Niza , Je suis Siria, Je suis Iraq. Suis-je Haiti? Non, mon ami: j’ai oublié Haiti. Los muertos haitianos son menos importantes que los que caen bajo el terrorismo internacional en todo el mundo. Y por supuesto son muchísimo menos importantes que los caídos en Europa o en Norteamérica. En la bolsa de importancia internacional el cambio es de 3000 a 1.Hai

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