Mestalla, 92 años viviendo el valencianismo

Los valencianistas estamos de celebración. Si el 18 de marzo es el aniversario del Valencia CF, hoy, 20 de mayo, es el cumpleaños de Mestalla, nuestra casa. Y cumple nada más y nada menos que 92 años, que se dice pronto. Mientras su hijo pequeño sigue en la UVI, de la que esperemos que salga pronto, el coliseo de la Avenida de Suecia sigue acogiendo, 5 años después de su presunta desaparición, los encuentros del equipo blanquinegro.

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Y el caso es que llegas hoy, ves el tremendo lavado de cara que le ha dado la actual directiva, y no te entran ganas de que acabe la construcción del nuevo estadio, a pesar de que su finalización es imprescindible para el futuro económico de la entidad. Mestalla luce como jamás lo había hecho, su aspecto es impresionante, y el murciélago de más de 90 metros que protege nuestra casa se ha convertido en uno de los grandes símbolos de la afición. La de fotos que habrá recibido en el año que lleva allí, observándonos. Y aún hay quien critica el cambio. Pero es que este estadio ya no es lo que era, ahora es una de las joyas futbolísticas de nuestro país, y posiblemente de Europa. Simplemente había que saber cuidarlo.

Pero antes de murciélagos gigantes, fachadas coloridas y palcos vip tematizados, hay una gran historia que se remonta a 1923. Aquel estadio, que sustituía al antiguo Algirós se encontraba en medio de la nada, en mitad de la huerta, pegado a la acequia de Mestalla, que es la que le daría nombre. Y, por supuesto, nada de anillos ni gradas enormes, nada de ver el fútbol a veintitantos metros de altura. No, todo era prácticamente a ras de suelo. Y las gradas eran de madera, y no las cómodas butacas que tenemos hoy en día. No había cemento en el graderío. Por no haber, no había ni césped, sino tierra lisa. El aforo era de 14000 personas, y no las cerca de 55000 que podemos llenar hoy las gradas del coliseo.

Por supuesto, el partido inaugural fue ante el vecino, el Levante UD, y la victoria fue para el equipo local, por 1-0 y con gol anotado por Arturo Montes.

Llegó la Guerra Civil, y con ella, tanto Valencia como el estadio valencianista quedaron en un estado lamentable. Luis Casanova comentó cuando vio el campo “…se me cayó el alma a los pies cuando vi como estaba…”. Debido a la complicada situación social de la época, en una parte del campo se plantaron patatas. También fue un campo de prisioneros, que permanecieron allí hasta que los trasladaron a otros destinos. Mestalla pudo volver a acoger partidos el 18 de junio de 1939, apenas dos meses después de la finalización del conflicto bélico. A partir de los años 40, el club empezó a trabajar con ladrillo para la construcción del graderío.

La primera gran remodelación del coliseo blanquinegro se produce en los años 50. Nace el proyecto “Gran Mestalla”, y el resultado fue un estadio que no se parecía en nada a su imagen anterior. Los trabajos para llevar a cabo este proyecto comenzaron en la temporada 1950-1951. Las obras se prolongan a lo largo de toda la década de los 50 y, para pagarlas, la directiva pone a la venta un abono especial de 15 años y, en 1955 emite 35 millones de pesetas en obligaciones. De este modo se logra construir la parte superior del graderío longitudinal y casi toda la tribuna de preferencia.

El 27 de diciembre de 1955 se inaugura la nueva tribuna, de 32 metros de volado con una capacidad de 7.000 espectadores en la zona inferior y 5.000 en el anfiteatro, con la que el estadio alcanza una capacidad de 30.000 espectadores. Toda la obra, ejecutada por el constructor José Tormo Valero, cuesta casi 100 millones de pesetas. Se amplió el Gol Gran. Se construyeron accesos para los espectadores y en el Gol Norte, se hizo una unión a la tribuna mediante una semicurva.

Claro que, si en 1939 Mestalla quedó inservible debido a la Guerra Civil, en 1957, la riada volvió a dejar el estadio valencianista hecho un desastre. El Valencia estuvo semanas sin poder utilizar su estadio ni siquiera en los entrenamientos. De hecho, tuvo que jugar en otros estadios durante los 5 partidos como local posteriores al desastre provocado por el desbordamiento del Túria.

Poco menos de dos años más tarde, llegaría uno de los momentos clave en la historia del estadio valencianista. El 17 de marzo de 1959 se inauguraba la iluminación artificial, que permitiría que el Valencia CF pudiese disputar partidos en horario nocturno.

El 23 de agosto de 1969, en una asamblea, en una petición hecha por el presidente del club, Julio de Miguel, y en homenaje a Don Luis Casanova Giner por su dedicación al club,  se aprueba en junta general y por unanimidad, que el campo del Valencia CF llevase el nombre de “Luis Casanova”, denominación que mantendría hasta noviembre de 1994, cuando el estadio recuperó su nombre habitual, Mestalla, a petición del ex-presidente Luis Casanova.

La tercera etapa del estadio valencianista tuvo como motivo el Mundial de España, en 1982. La directiva del Valencia de mediados de los años 70 planteó la posibilidad de trasladar el estadio a otra ubicación, situada en unos terrenos fuera de la ciudad, pero finalmente se decidió la remodelación del coliseo, teniendo ésta lugar en 1978.

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El Valencia iniciaba así la remodelación más profunda de las que ha sometido a Mestalla, para convertirse en sede del Mundial. La obra, proyectada por los arquitectos Salvador y Manuel Pascual, se adjudica a la empresa Huarte. En la primera fase, que se prolonga durante todo el verano, se derriba desde la mitad hacia abajo -la parte que todavía era de ladrillo- del graderío que circunda el campo, con excepción de la tribuna. En su lugar se levantan 20 gradas de cemento (diez cubiertas y diez descubiertas),con capacidad para 12.000 espectadores, dotadas de asientos de plástico, que también se instalan en tribuna y anfiteatro. El día 3 de junio de 1982 se inauguraron 2 grandes marcadores Mitsubishi en los fondos norte y sur.

Aquella era la época donde el gran Mario Alberto Kempes era el rey del fútbol mundial, y el conjunto valencianista consiguió hacerse con los títulos de la Copa del Rey de 1979, la Recopa de Europa y la Supercopa de Europa de 1980.

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En 1982 llegó el Mundial, y la selección española disputó sus encuentros en el estadio valencianista, aunque la trayectoria del combinado nacional no fue precisamente la esperada, cayendo en segunda fase después de una actuación bastante pobre. En 1992, Mestalla volvería a acoger a la selección española en otra de las grandes citas deportivas disputadas en nuestro país, los JJOO de Barcelona , con un resultado muy diferente al de diez años atrás, ya que aquella selección de los Cañizares, Kiko, Guardiola, Ferrer, y compañía se proclamaría campeona olímpica en aquella histórica final disputada en el Camp Nou y que finalizó con victoria por 3-2 ante la selección de Polonia.

Entre 1997 y 2001, el estadio de Mestalla vivió su última remodelación, llevada a cabo por la directiva por entonces presidida por Francisco Roig. El proyecto inicial, con un aforo previsto de 70.000 espectadores, y un aspecto final similar al del estadio de San Siro en Milán, no fue finalmente ejecutado, y la ampliación dejó la capacidad del estadio en los aproximadamente 55.000 espectadores actuales. Esta remodelación dio lugar a la Grada de la Mar, el Gol Gran y el Gol Xicotet. La inauguración tuvo lugar el 14 de febrero de 2001, en partido disputado ante el Manchester United y que también supuso el debut de un jovencísimo Pablo Aimar con la camiseta del Valencia, dando un auténtico recital ante el conjunto inglés, aunque al final el resultado fue de empate.

Aspectos técnicos aparte, Mestalla es historia, tanto del Valencia, como del deporte, como de nuestra cuidad. Y no solo historia, sino que también es sinónimo de sentimiento. Hay quien dice que en esta vida cambias de trabajo, de pareja, de coche y de casa, pero jamás cambias de equipo de fútbol. Y hay quien me llama loco, pero algunos de los momentos más felices de mi vida y que recordaré siempre, han tenido lugar en las gradas de este estadio: el partido ante el Lazio, el gol de John Carew ante el Arsenal, victorias ante el Real Madrid y el Barcelona, o aquella noche de abril de 2002 en la que Rubén Baraja, mito del valencianismo, nos hizo soñar a todos con la posibilidad de ganar la primera Liga de nuestras vidas, algo impensable para la gran mayoría de valencianistas que me rodeaban. Y no solo esto, sino que su césped ha sido pisado por los mejores futbolistas de la historia: el propio Kempes, un desconocido Pelé, Maradona, Messi, Cruyff, Romario, Ronaldo, Barragán… Apenas hay estrellas que no hayan visitado el estadio valencianista.

Por eso, el día que toque abandonar Mestalla, un pedazo de nuestras vidas se irá con nosotros. Iremos a una casa más grande, más cómoda, más moderna y más chula, pero siempre recordaremos que nuestra auténtica casa está en la Avenida de Suecia. Porque no sé vosotros, pero yo no recuerdo la primera vez que fui al cine, al teatro o al colegio, pero sí que recuerdo la primera vez que visité Mestalla.

Felices 92.

Gracias a ciberche.net por su gran trabajo de documentación, de ahí hemos extraído datos técnicos y algunas de las imágenes.

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