Lectura de balons: Balada en ca Torino

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KEMPES

Está escrito frente al mar, la estampa que más melancolías despierta mientra el susurro del oleaje transporta incertezas y temores desde un horizonte infinito; así se entiende ‘La Balada del Bar Torino’, una obra repleta de cenizas, rellena en exceso de citas literarias, con demasiados personajes imaginados rescatados desde los clásicos de las letras apareciendo tras cada coma como recurso para rellenar vacíos propios. Pero su virtud verdadera reside en haber conseguido mimetizarse con la realidad del club. Porque el libro no habla de fútbol, aunque lo trate; no se puede catalogar de memorias, aunque lo parezca; no es un homenaje constante a un padre arrebatado, pero lo encuentras tras un punto, cerrando cualquier página, cuando crees haberle perdido de vista. Tampoco es una crónica de barrios y personajes pintorescos habitándolos, pero los tiene. No es un libro de ciudad, pero la ciudad siempre está presente, junto a sus garitos de

culto. Como el VCF, que ni es grande ni es pequeño, que pierde mucho, pero gana de vez en cuando, que vive en la élite pero se cae de forma cíclica de ella reenganchándose con dos o tres años de margen. Que cuando es rico se arruina y cuando es pobre se enriquece.

La obra de Rafa Lahuerta se paladea, divierte por momentos y atormenta por otros, pero sobre todo, es una constante bofetada a nuestro way of life; no una bofetada reprobatoria, sino de reafirmación. Somos como somos aunque a veces no nos guste serlo. Aunque no queramos entenderlo. Aunque acabemos huyendo de nosotros mismos, pero sin acabar de desaparecer del todo porque no podemos renegar de nuestras vivencias, las que nos moldean con firme decisión en las personas que somos hoy en día. El texto sabe poner broches de oro a noches de lectura, el texto, enseña, y es una de las mejores cosas que tiene. E invita a aprender. Lo que le da redondez a la obra. Es un relato de huidas hacia delante, pero sin desprenderse del pasado. La Balada nos incita a que le construyamos al VCF, y a Valencia , el discurso que jamás tuvieron, a dejar de irnos a Madrid o Barcelona permitiendo con nuestra inacción que se lo escriban desde fuera, pariéndonos distorsionados y a medio hacer. ‘Valencia es tierra conquistada y como tal nos tratan’; en el primer capítulo el lector ya amortiza el prec

io del libro. Cuando lo finaliza, entiende que pagó demasiado poco para lo que realmente vale. Porque ‘La Balada del Bar Torino’ es un libro para no dejar de leerlo nunca. Es un libro inmortal, lo que le convierte en imprescindible.

Aunque es un libro que peca en muchas cosas. Indudablemente entramos en el terreno del choque generacional; y se podría decir que incluso  en el cultural. Estamos ante un tipo que ha vivido Valencia por barrios, y ante otro que en los barrios que más ha vivido están a 5000 kilómetros de Mestalla. Hablamos de un hombre que se crió en las gradas y de otro que perdió la experiencia de grada por el camino. Hablamos de un tipo que leyó literatura, clásica y moderna, en más de 1.000 volúmenes ante otro que sólo leyó libros de crónica en la misma cantidad; que huyó de la fantasía y de la fanfarria literaria a temprana edad para abrazar, en su afán de emular a Willy Fog, la cruda realidad del mundo; de uno que es capaz de citar a Vila Matas, Borges o Azorín, a otro que sólo citaría a Ramón Lobo, a Alberto Arce o a Luc Sante.

Porque Lahuerta hace constantes y reiteradas alusiones a la pirotecnia y fogosidad de la grada como nexo de la locura institucional y ciudadana, abrazando un discurso asentado y aceptado en la valencianidad de forma natural, un discurso que todos pronunciamos tarde o temprano, pero que no deja de ser un discurso hedonista. Y aquí es cuando se nota el choque cultural. Es una tendencia muy propia la de querer explicar el VCF desde el carácter singular de sus gentes, y es un error, un error a medias. Podría citar tres o cuatro clubes alemanes, o ingleses, que pecan de lo mismo; podría citar tres o cuatro ciudades que arrastran los mismos vicios, y los mismos tópicos llegados desde sus capitales; podría citar tres o cuatro sociedades que usan el mismo discurso, que se sienten igual de mal entendidas por el resto del mundo, que no saben de paciencias viviendo en una frustración permanente que suele degenerar en actos pirotécnicos.

Al VCF, a Valencia, y a los valencianistas, no les pasa nada raro, simplemente les pasa lo que le suele pasar a todo ‘tercer club’, que ni es una cosa ni otra, que ni es perdedor, ni ganador, que vive en una constante indefinición por falta de un claro objetivo vital. Que nos sentimos herederos de un legado histórico que defender aunque no queramos ver que la realidad ya no nos lo permite hacer. Somos víctimas de la voluntad de querer ser. El día que lo seamos de verdad, puede que todo cambie, y entonces, echaremos en falta ser como éramos.

Más allá de los matices que nos diferencian, es imposible no sentirse identificado con el autor en la generalidad de las cosas. Precisamente este espacio es fruto de mucho de lo que ‘denuncia’ en las primeras (y últimas) páginas de ‘La Balada’. Y también de la ignorancia. Y de la soberbia. De haber conocido la existencia de ‘Últimes vesprades a Mestalla’ esta web no existiría, pero su descubrimiento llegó un año tarde. Y su descubrimiento lo cambió todo. Esto no fue más que un estúpido intento de hacer ver que el VCF tenía cultura, historia, leyenda, mitos, antihéroes, hechos insólitos… que no tenía nada que envidiarle a nadie, que simplemente no tenía nadie que se lo contara. Que es el gran lamento oculto que sujeta al lomo las páginas torinesas. No deja de ser triste que haya que acudir a Barcelona, Madrid o México para encontrar referencias porque aquí, ni Provincias ni Levante-EMV, dejan acceder a sus hemerotecas, donde no hay ni un archivo de semanarios ni revistas, como el que existe en la ciudad condal, consultable a golpe de clic. No es una cosa del VCF, sino de Valencia. Mientras en otros lugares sus gobiernos digitalizaron y abrieron tomos, el nuestro decidió arruinarnos con barcos. El día que eso cambie, la literatura valencianista podrá vivir su edad de oro.

Mientras llega, nos queda el fill del forner para pintar de azul nuestras noches de invierno. Lahuerta nos cuenta su huida, nos deja ver a través de la tinta lo que muchos experimentamos estos últimos años, que el VCF es una constante invitación a la deserción. Que nos obliga a llevar a la práctica lo que en otros lugares se queda en un simple cántico de grada. Sensación que nos abordó estos últimos tiempos hasta ponernos al límite, hasta el punto de decir ‘basta, no aguanto más a este club’, dejándolo todo pendiendo de un hilo, sólo que no teníamos al alcance la última fila de Mestalla para completar nuestro refugio, sino un triste blog que apenas lee nadie. ‘La Balada del Bar Torino’ no sólo enseña o invita a aprender, también hace pensar, reflexionar, cuestionarte, cuestionarnos… es un libro perfecto aunque tenga imperfecciones. De lo contrario no sería posible. Es, sin duda, un gran libro.

El libro se puede comprar en la web de la editorial Drassana.

Artículo escrito por Desmemoriats (@Desmemoriats) en: http://thebarraca.com/2015/02/22/lectura-de-balons-balada-en-ca-torino/

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