La Valencia Oculta: los oscuros años 90, parte 4

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Después de contaros los casos de Macastre, Alcácer y Gloria Martínez a lo largo de los tres primeros artículos de esta serie de “los oscuros años 90”, salimos por primera vez de la Comunidad Valenciana en nuestra sección “La Valencia oculta”, ya que resulta totalmente imprescindible hacerlo para completar el desarrollo de los acontecimientos que tuvieron lugar en aquella década.

En esta ocasión vamos a viajar a dos regiones diferentes donde tuvieron lugar una serie de sucesos lamentables y que en cierto modo se pueden relacionar con los casos que os contamos anteriormente. Concretamente visitaremos Madrid y Cataluña, para contaros. También haremos mención a otros sucesos que tuvieron lugar por aquella época en otras partes de España.

MADRID – ANABEL SEGURA

12 de abril de 1993. Pocos meses después del crimen de Alcácer, España se ve sacudida de nuevo por la desaparición de otra joven en extrañas circunstancias. Su nombre es Anabel Segura, vecina de la urbanización Intergolf en la localidad madrileña de Majadahonda. Aquella tarde, Anabel sale a correr por su urbanización, practicando así una de sus grandes aficiones. De repente, una furgoneta blanca se detiene a su lado y un individuo le mete a la fuerza en la misma. Esa sería la última vez que se vería a la joven con vida.
Es entonces cuando comienza un largo proceso de búsqueda, en una investigación que duraría cerca de 900 días.

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En un principio se barajó el móvil económico como motivo del secustro, ya que el padre de Anabel era José Segura Nájera, director de la empresa Lurgi Española S.A., una compañía con un capital empresarial de 120 millones de las antiguas pesetas. Y el señor Segura también tenía muy buenos contactos en las altas esferas, tal como adivirtieron los investigadores. Entre los contactos de José Segura se encontraba el entonces presidente del Gobierno, Felipe González. De hecho, no eran pocas las veces en las que el ex presidente llamaba a la residencia de los Segura para preguntar por el estado de la investigación. Por otro lado, el portavoz de la familia era Rafael Escuredo, ex presidente de la Junta de Andalucía. Mucha gente importante interesada en el caso y carnaza para los habituales aficionados a las teorías de la conspiración.

La primera llamada de los supuestos secuestradores se produce solo dos días después de la desaparición. En ella se exige 150 millones de pesetas, unos 900.000€. No fue la única llamada, ya que durante todo el tiempo que duró la investigación se realizaron 16 llamadas exigiendo rescate.

La primera prueba de vida se recibe en el hogar de los Segura el 22 de junio de 1992. Se trataba de una cinta en la que se recogían las siguientes grabaciones:

“(una voz femenina muy débil): Hola padres, estamos a 22 de junio de 1992. Quiero deciros que estoy bien dentro de lo que cabe. Esta gente no me cuida mal, pero me gustaría estar en casa con vosotros, porque ya llevo bastante tiempo aquí y tengo muchas ganas de veros a todos vosotros, así que a ver si todo esto se termina pronto. Hasta luego papá. Adiós mamá. hermana, te quiero mucho. Adiós”.

“(voz masculina): Ahora escúchenme con atención. Han escuchado la voz de Anabel. Si no se cumplen todas nuestras peticiones en la entrega del dinero, dentro de treinta días después de recibir nuestra cinta, la ejecutaremos…

“…Y repito, y perdóneme mi, digamos, oportunismo, o digamos mejor dicho, que sea tan reiteradamente un poco pesado, esta situación se está complicando mucho, está poniendo en peligro nuestra pequeña organización de delincuencia organizada…”

“…Y el señor portavoz de la policía, don Manuel Jiménez, que se cree que todo lo sabe y para mi humilde opinión sabe menos que los pimientos colorados…”

“…Investigar que investiguen por donde quieran. No van a encontrar nada, nada de nada. Y errores, como comprenderá, hemos cometido creo, no vamos a decir ninguno, pero muy poquitos o ninguno…”

La familia de Anabel Segura no reconoció la voz como la de su hija en un primer momento, aunque conforme avanzaron las fechas, cada vez estaban más convencidos de que aquella sí que era la voz de la joven Anabel.

Y quien intentó sacar rédito económico de este caso fueron los videntes. Porque si por algo destacó este caso fue por la gran cantidad de videntes que se pusieron en contacto con la familia Segura afirmando saber donde se encontraba la joven. Evidentemente, en ninguno de los casos se dio con Anabel Segura.

La grabación de la voz de los secuestradores se difundió en el ya desaparecido programa de TVE “¿Quien sabe dónde?” y en muchas cadenas de radio, y así fue como un espectador creyó reconocer la voz de uno de los secuestradores y lo comunicó a la policía. Esta vez la pista era buena. Éste espectador consiguió una grabación de la voz de la persona señalada y el jefe de policía la contrastó con la que ya obraba en su poder. El comisario jefe estuvo de acuerdo. Las voces coincidían.

Dos años y medio después de la desaparición de Anabel Segura, se acabó deteniendo al matrimonio formado por Emilio Muñoz Guadix y Felisa García Campuzano (quien imitó la voz de Anabel en la grabación), en la localidad toledana de Pantoja, a unos dos kilómetros del lugar del asesinato. El cómplice de Emilio Muñoz resultó ser Cándido Ortiz Añón, que fue detenido en la localidad de Escalona y confesó enseguida.

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El cadáver de Anabel Segura fue hallado el 29 de septiembre de 1995. La autopsia, realizada en el Instituto Anatómico Forense de Madrid y dirigida por Carmen Baena -médico forense de Illescas-, determinó que había muerto ahorcada. La fauna cadavérica hacía pensar en un doble enterramiento. Habría sido enterrada primero en un sitio en contacto con el aire y luego en otro distinto. El cadáver estaba incompleto. Le faltaba la laringe, algunas vértebras, costillas, el cúbito y el radio y casi toda la mano derecha.

Vaya, otra vez la mano, como en el caso de Macastre.

CATALUÑA – LOS DOS ASESINATOS DE MARMELLAR

Marmellar es una pequeña localidad de la provincia de Tarragona conocida por la gran mayoría de aficionados al misterio. Se trata de un pueblo pequeño y perdido entre las montañas que fue abandonado tras la Guerra Civil Española. Estamos hablando de cerca de 80 años de la más total y absoluta soledad. Sin vecinos, sin actividad, sin historias que contar. Simple y pura soledad. Soledad de día y soledad de noche. El lugar ideal para poder llevar a cabo todo tipo de fechorías de dudosa legalidad, en el mejor de los casos, porque allí no hay nada más que ruinas y hierbas. Y de hecho, dos macabros asesinatos tuvieron lugar en Marmellar en los años 90. ¿Y a que no adivináis el perfil de las víctimas? Pues sí, otra vez dos chicas jóvenes.

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El primero de estos crímenes tuvo lugar en 1993. A principios de julio, una pareja de cazadores encontraban el cuerpo calcinado de una mujer no identificada, de entre 20 y 30 años de edad, con melena larga y negra, en la iglesia de Marmellar. Llevaba varios días allí, seguramente desde la pasada verbena de San Juan. En un principio se especuló con que podía tratarse de una joven alemana, desaparecida desde esa noche, pero la Guardia Civil pronto descartó esta hipótesis.

El cuerpo hallado presentaba evidentes signos de violencia y estaba en avanzado estado de descomposición. Justo frente a la puerta del templo se analizaron los restos de dos grandes hogueras y algunos signos satánicos que alguien había pintado en sus paredes exteriores. El caso nunca llegó a resolverse. Una hipótesis de la policía fue que el asesino había optado por una puesta en escena tan teatral para desviar la atención y ocultar mejor su identidad. Ni tan siquiera quedó probado que la víctima hubiese sido asesinada en aquel punto. Pudo ser llevada allí ya cadáver, aprovechando la mala reputación que tenía el lugar. Eso disparó los rumores, que hablaban de una verbena sangrienta, de un secuestro que terminó en violación o de un ritual de magia roja.

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El segundo crimen tuvo lugar en 1996, cuando se volvió a localizar otro cuerpo de una mujer joven en su término municipal. Se trataba de  Ana María Barba, una joven de 19 años, empleada de una gasolinera en un municipio cercano. La noche del 14 de febrero, uno o varios sujetos anónimos la habían atracado, llevándose la recaudación de 40.000 pesetas. Después la habían obligado a subir a un vehículo y se la habían llevado consigo, probablemente con la intención de forzarla. Por causas desconocidas la chica resultó muerta, quizás para eliminar a la testigo ocular del robo. Y apareció semidesnuda, también con signos de violencia, bajo unos maderos. El detalle de que en la gasolinera no se hubiesen llevado otros objetos de valor y la ubicación de los restos hizo pensar a más de uno que el móvil pudo no ser económico, sino que el autor o autores raptaron premeditadamente a la joven con el único objetivo de abusar de ella. Y después la mataron para evitar que pudiera identificarles. El caso también quedó sin resolver.

redesdelmisterio.com

Y no son los únicos casos sin resolver. En Cataluña se registraron durante los años 90 cerca de diez asesinatos más sin ningún tipo de resolución. En algunos casos las víctimas compartían el perfil que estamos tratando en esta serie de La Valencia oculta.

OTROS CASOS

Lamentablemente, los casos anteriormente mencionados parecen más una norma que simples hechos aislados, ya que las desapariciones y/o asesinatos de jóvenes fueron relativamente habituales en aquella época.

No podemos dejar de mencionar tampoco el caso de David Guerrero Guevara, más conocido como “el niño pintor de Málaga”, que desapareció el 6 de abril de 1987 y de quien, a día de hoy, nada se sabe. Una tarde salió a hacer una entrevista en un centro de arte en la ciudad andaluza y nadie volvió a verle jamás. Su familia lleva ya 28 años sin saber nada de su hijo y hermano desaparecido.

jorgecolomardetectives.com

Volviendo a la Comunidad Valenciana, también tenemos el caso de Joaquín Ferrandiz, más conocido como “El Quijote violador” y de quien ya os hablamos hace unos meses. Un auténtico depredador sexual que sembró el terror en Castellón y que acabó con la vida de cinco jóvenes prostitutas después de violarles.

Eva Blanco era una joven de 17 años vecina de la localidad madrileña de Algete, a 22 kilómetros de La Moraleja. El 19 de abril de 1997 saldría de su casa en torno a las 7 de la tarde. Esa sería la última vez que vería a sus padres. Aquella noche no llegó a casa, y sus padres, preocupados, denunciaron la desaparición ante la Guardia Civil, que comenzó la búsqueda a las 8 de la mañana del día siguiente. El cadáver aparecería una hora más tarde, vestido y boca abajo, en Cobeña, a seis kilómetros de Algete, tirado en la cuneta de la carretera que une esta localidad con Belvis del Jarama. Había sido violada y asesinada. Diecisiete puñaladas acabaron con su vida. Su cuerpo no presentaba laceraciones, contusiones ni arañazos. En su vagina, que presentaba un desgarro de unos tres centímetros, había restos de semen. A día de hoy, no hay culpable.

telecinco.es

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6 comentarios en La Valencia Oculta: los oscuros años 90, parte 4

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