La Valencia Oculta: La Dama de Rosa de “La Cigüeña”

Dicen que aquellos lugares donde en algún momento hubo dolor y sufrimiento son “ideales” para que las almas, una vez la vida humana ha finalizado, campen a sus anchas hasta resolver los asuntos pendientes. Quizá eso fue lo que pasó con la Dama de Rosa del antiguo Hospital La Cigüeña. O quizá simplemente es otra leyenda urbana. ¿Te atreves a adentrarte en los pasillos de la que hoy es sede de la Consejería de Bienestar Social?

“En los despachos y pasillos de las consellerías de Trabajo y Sanidad,… antigua Clínica de maternidad La Cigüeña una mujer joven sube escaleras y atraviesa salas vacías buscando a un niño que llora. Una mujer alta, embarazada y vestida con un camisón rosa adornado con lazos en ambos hombros, deambula durante la noche intentando encontrar, desde hace tanto tiempo ya, a un niño que llora en no se sabe dónde. El recorrido de la madre incorpórea finaliza antes de que despunte el alba en una inexistente sala de incubadoras…”. Así es como Las Provincias, en su edición del 16 de marzo de 1990, contó al mundo los sucesos que aparentemente estaban teniendo lugar en el antiguo Hospital La Cigüeña.

Pero la historia real, dentro de la realidad que pueda esconder un suceso de este estilo, es bien distinta. O así lo hizo saber José Antonio C., el guardia de seguridad que vivió en sus carnes aquellos sucesos inexplicables, los de la Dama de Rosa. Según su versión del 12 de marzo, hacía ya varias noches que sentía unas extrañas presencias en los pasillos de la hoy Consellería. Pero esa noche, todo cambió, porque fue cuando por primera vez había conseguido ver aquello que tanto le atemorizaba.

El trabajo de José Antonio era bien sencillo. Era el encargado de ir cerrando las ventanas de los despachos y comprobar que ningún funcionario se hubiera dejado alguna luz encendida antes de abandonar el recinto. Entre sus costumbres estaba la de hacer la ronda a oscuras, alumbrándose solo con una linterna, ya que de esa forma veía mejor si algún ordenador, fax o fotocopiadora se habían quedado encendidos.

Fue en su ronda de aquella noche, mientras paseaba por la tercera planta, cuando sintió como si algo se le echase encima. Fue una especie de sensación, como una fuerza, algo sólido. Y aquello le sucedió al menos dos veces más.

Aterrorizado, acudió inmediatamente donde hubiera luz, e intentó tranquilizarse buscando una explicación que justificara aquella experiencia. De repente oyó como el ascensor se ponía en marcha y paraba en la sala de recepción, donde él se hallaba. La puerta se abrió y ¿qué encontró? Nada. José Antonio salió del edificio y esperó en la puerta hasta que amaneciera y llegase su relevo.

Claro, a la noche siguiente, José Antonio debía volver a su puesto de trabajo. Presa del miedo, hizo la ronda con todas las luces encendidas y mientras el personal de mantenimiento y limpieza continuaban en la oficina. Pero quedaba toda la noche por delante. Una noche que debía pasar a solas.

Cuando terminó y era la única persona dentro de las instalaciones, empezó a escuchas unos que provenían de lo que supuso era la tercera o cuarta planta. Los golpes eran fuertes y parecían intencionados, como reclamando su atención, pero con el miedo y sabedor de que debía estar allí toda la noche, decidió sumergirse en la lectura de un libro, aunque no era capaz de evitar mirar cada cierto tiempo hacia el ascensor.

Pero la experiencia más aterradora aún no había tenido lugar. Una noche, cuando todos se habían marchado y habiendo realizado ya la ronda, se volvieron producir los golpes pero esta vez acompañados de lo que parecían ser “llantos de niño”. Si este no era motivo suficiente como para tener un miedo considerable, lo que vería acto seguido le dejaría pálido. Vio deslizarse por las escaleras, momentos después, lo que parecía una sombra cuasi antropomorfa que se dirigía hacia él. El aspecto de aquello era como una nube muy concentrada y según su testimonio, aquello “era una cosa inteligente”.

Cuál sería la sorpresa de José Antonio cuando, a la mañana siguiente contó lo sucedido a Paco, su compañero de mantenimiento, y éste aseguro a nuestro protagonista que no había sido el único en padecer aquel fenómeno, ya que él mismo había tenido algún encuentro con esta “entidad” y también un Conseller.

La historia de Paco también era aterradora. Una noche decidió quedarse después de su hora habitual a terminar una pequeña maqueta de avión en la que estaba trabajando,ya que en su casa los niños y los deberes domésticos se lo impedían. El absoluto silencio en aquel edificio tras la marcha de los trabajadores lo convertía en el lugar ideal para realizar labores que necesitasen de gran concentración.

Fue entonces cuando comenzó a oír como si alguien en el piso inmediatamente superior caminara con lo que parecían ser unos zapatos de tacón. Subió y sólo pudo comprobar que allí no había nadie. De vuelta a su puesto de trabajo, vio que sus instrumentos de montaje se encontraban en el lado opuesto a donde él solía ponerlos. Nadie podía haber movido aquello.

José Antonio se despidió a los pocos días de aquellos hechos, aunque la empresa de seguridad Protecsa, en la cual trabajaba intentó evitarlo, reconociendo que no era él el único vigilante que había pasado por sucesos paranormales en la Consellería,. Otros compañeros ya habían escuchado el lamento infantil y a ver la “sombra”. Evidentemente la empresa lo negó de forma pública.

Más tarde se supo que varias religiosas a cargo de la antigua Clínica de Maternidad La Cigüeña y que hoy era la Consellería, también habían visto aquella sombra y habían oído el llanto.

Puedes seguirnos en Twitter: @ValenciaCulture

Síguenos en Facebook: Valencia Culture Magazine

Suscríbete a Valencia Culture Magazine

Suscríbete en nuestra web y recibe toda la información de Valencia al instante

Be the first to comment