La Valencia Oculta: el ático maldito en Rafelbunyol

Hoy os traemos un caso en exclusiva en La Valencia Oculta. Si venís siguiendo esta sección habitualmente, os habréis dado cuenta de que siempre ponemos un párrafo advirtiendo de que son historias que se cuentan en internet y que la veracidad se la debe dar cada uno. Hoy no. Hoy cambiamos porque esta vez, y por primera vez desde el estreno de La Valencia Oculta, nos han buscado para contarnos su historia. Solo nos han pedido una cosa a cambio: privacidad. Por eso no os vamos a dar nombres ni direcciones ni cualquier otro dato que pueda comprometer a esta familia de Rafelbunyol. Ya sabemos que los pueblos pequeños son especiales. (Las imágenes que vamos a publicar no corresponden con la vivienda ni guardan relación con la familia).

Todo comenzó en 2006. La familia protagonista, compuesta por una madre, un hijo y una hija, cambia su residencia de Valencia capital a Rafelbunyol, un pequeño pueblo de L’Horta Nord conocido por muchos por su fiesta de los disfraces que tiene lugar en septiembre. Cansados del estrés de la ciudad, ya que vivían en una zona con un alto índice de tráfico, decidieron dar un cambio radical a sus vidas e irse a vivir a una zona tranquila, lejos del bullicio urbano.

Fiesta de disfraces de Rafelbunyol.

Los inicios fueron un tanto complicados, ya que el cambio es drástico. Pasar de vivir a un paso de todo a vivir un tanto aislado de tu “manada”. Fue por eso por lo que los problemas con el hijo mayor eran relativamente habituales y la hija pequeña pasaba más tiempo del habitual en casa de su padre. Por aquel entonces el hijo mayor tenía una pareja con la que llevaba apenas un par de meses. Esta chica era de una población lejana a Rafelbunyol, por lo que muchos fines de semana estaban en casa de uno u otro. Y aquí fue cuando tuvo lugar el primer suceso.

Sería por el mes de abril de 2006 cuando esta chica se quedó a dormir por primera vez en la nueva casa de su novio. Anteriormente, allá por febrero o marzo, antes de la mudanza, ya había dormido alguna vez en el piso antiguo, y tuvo una sensación extraña. Esta chica decía ver espíritus, y una de las noches que pasó en el antiguo hogar dijo ver una sombra en la puerta de la habitación que ocupaba habitualmente y que daba a la habitación de su novio. Muchos años atrás, su novio creyó ver, en ese mismo lugar, una sombra con forma de cuerpo de hombre, muy alta, y que provocaba de todo menos tranquilidad. Desde aquella noche decidió empezar a dormir con la puerta cerrada.

Como contábamos, la primera noche que la joven se quedó a dormir en la nueva casa de esta familia, el pánico invadió su cuerpo. Si nos ponemos en situación, la casa es un ático dúplex en el que en el piso de abajo tenemos un baño y dos habitaciones, además de las escaleras, que dan al piso de arriba, donde está otro baño, la habitación que hoy ocupa la hija, el salón, la cocina y la terraza. La joven ocupó el cuarto de la hija, en el piso superior, ya que la madre no permitía que el chico y su novia compartiesen habitación. Aquella noche tuvo malas sensaciones, y es por eso por lo que prefirió dejar la puerta abierta en lugar de cerrarla. Definitivamente se equivocó. Al poco rato de haberse acostado bajó muy nerviosa, casi llorando, a la habitación de su novio, rogándole que durmiesen juntos. Había visto una sombra terrorífica en la zona de la escalera, que daba justo a la puerta. Y la sombra había logrado establecer contacto visual con ella, quien pasó a convertirse en víctima. Armándose de valor, la joven fue capaz de salir de su cama y dirigirse a la habitación de su novio. Al día siguiente la madre no acabó de creer la historia. Años después las creería por completo.

Pasó el tiempo y no volvió a haber situaciones de ese estilo, con aquella tensión. Sí que es cierto que la joven afirmó en varias ocasiones ver entes por la casa, pero no transmitían ninguna sensación de peligro. Incluso los perros muchas veces se quedaban “hipnotizados” ante la nada, y en esa nada coincidía que la chica afirmaba que había algo. Pero nunca sucedió nada como en aquella noche. La joven pareja de novios se convirtió en pareja de hecho, la hija pequeña pasaba poco tiempo en casa y la madre, divorciada, dormía sola de forma habitual. Y fue a partir de ahí cuando los sucesos más extraños tuvieron lugar.

No fue una situación repentina, sino que los fenómenos tardaron en ocurrir y generalmente sucedieron con un espacio grande entre ellos. El primero fue un caso tranquilo, sin importancia relativa, más allá de la que se le quiera dar, aunque fue sorprendente. Una mañana, la madre buscaba unas pastillas que tenía que tomar. Ya sabemos cual es la sensación de buscar y buscar y no encontrar aquello que necesitas. Pasados ya bastantes minutos, decidió encomendarse a San Cucufato, aunque aquello le parecía ridículo (a mi también, pero por algún extraño motivo funciona). Vio como el blíster con las pastillas caía desde encima de la cama al suelo. Sí, se quedó sorprendida, muy sorprendida, pero se lo tomó con humor.

Unos meses después sucedió el suceso más escalofriante que ha tenido lugar en aquel ático en Rafelbunyol. Una noche, en torno a las 3 de la madrugada, nuestra protagonista dormía tranquilamente en su cama, en la planta de abajo de la vivienda. De repente escuchó ruidos arriba. No eran los típicos ruidos que se suele escuchar en las casas. Eran golpes, y parecía que se producían en una puerta. Pensando que habría dejado alguna ventana abierta y que el origen podía ser una corriente de aire, subió al piso de arriba a ver qué sucedía. Y encontró tranquilidad. Fue a ver si las ventanas estaban abiertas y su sorpresa fue que estaban todas cerradas. Pero su sorpresa no quedó ahí. Escuchó otra vez los golpes… en el piso de abajo. Quizá se había dejado la ventana de la habitación de su hijo abierta, así que fue a comprobar. Seguro que lo adivináis. Estaba cerrada, como la suya. Y de repente, golpes arriba. Aquella situación le generó auténtico terror, pero consiguió armarse de valentía y subió a ver qué pasaba. Y no pasaba nada, todo estaba en su sitio. Excepto en el piso de abajo, donde escuchó otra vez los golpes. El pánico le invadió, no sabía que hacer y no se atrevió a llamar a nadie debido a la hora que era y al miedo a que le tomasen por loca. Además su perro estaba muy inquieto y no se separó de ella ni un solo instante. Aquella situación duró en torno a 45 minutos, hasta que, de repente, se detuvo. Fueron 45 minutos de angustia, 45 minutos de macabra diversión para un ente que no tuvo piedad de esta mujer. Nuestra protagonista no olvidará aquella escena jamás.

Decidió contárselo a su hijo y a su entonces nuera, quien contestó con un contundente: “Siempre te he dicho que aquí hay alguien y no siempre es bueno”.

En los meses sucesivos todo marchó en total calma y tranquilidad. Más allá de los momentos en que alguno de los perros se quedaba mirando a la nada en alguna de las zonas conflictivas, como la cocina, no hubo ningún altercado destacable. Hasta que falleció una amiga íntima de la víctima.

La tarde siguiente a la incineración de su amiga, quien falleció a causa de un cáncer, nuestra amiga vivió un momento un tanto tenso. Era la hora de la siesta, el perro estaba durmiendo plácidamente, hasta que, de repente, se despertó y estuvo ladrando a la nada durante 15 minutos. Pasó de un estado de total tranquilidad a la más absoluta desesperación, no había forma de calmarle. Nuestra protagonista no sabía que hacer, acariciaba al perro, pero éste estaba agresivo. Fue entonces cuando pensó que su amiga podía haber acudido a despedirse, por lo que pronunció en voz alta unas palabras de adiós. En aquel momento el perro se calmó, se relajó y el hogar volvió a la más absoluta tranquilidad.

Los últimos sucesos que tuvieron lugar en el ático en Rafelbunyol llegaron tras la muerte del abuelo, padre de la madre de esta familia. Hablamos de 2012. La muerte fue repentina e inesperada, el anciano estaba bien de salud pero ya tenía 83 años. Una noche, cerca de las 2 de la madrugada, recibieron esa llamada que nadie desea recibir jamás pero que es ley de vida. El abuelo había muerto.

El palo fue muy duro y nuestra protagonista no era capaz de superar el dolor ocasionado por la muerte de su padre. Y fue entonces cuando algo entró en el hogar. Por motivos obvios, esta mujer no quiere recordar algunos de aquellos momentos, que se repitieron con más frecuencia que los anteriores, pero sí que nos ha contado uno, el más significativo.

Una tarde, mientras se encontraba en el baño del piso de abajo, escuchó una serie de golpes, como si algo se cayese. Salió a ver qué había sucedido, y la escena fue dramática. En una estantería en la que guarda su colección de libros y unos marcos con fotos, todos estaban boca abajo. Todos menos uno, el marco que tenía la foto de sus dos hijos juntos.

Ya hace unos años que esta familia no sufre ninguno de estos acontecimientos extraños. Tras consultar con una amiga que tiene una prima medium, aquella, teóricamente desconocedora del fallecimiento del abuelo, dijo que el padre de nuestra amiga estaba en su casa. No tenía malas intenciones, pero lo mejor era ayudarle a ir hacia la luz. Y así hicieron, ayudados por la medium y por el cura de la iglesia de Rafelbunyol (ojo, la familia se declara no creyente), consiguieron acabar con los sucesos extraños. Lo que no sabemos es si esto es un adiós o un hasta pronto.

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