La Valencia “Caliente”

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Los turistas que han visitado y vivido en la ciudad de Valencia en siglos muy diferentes a lo largo de la historia, han definido al pueblo valenciano como un pueblo muy alegre, vivo, desinhibido, sin tapujos o tabús y siempre dispuesto a la fiesta y a disfrutar de la vida, como en la actualidad, y por qué no decirlo, también “muy calientes”.

Existe una Valencia que no aparece en las mejores guías ni libros. Una Valencia tan real como la historia oficial que aparece en las enciclopedias académicas. Una ciudad llena, todavía, de signos e identidades que han dejado rastro a lo largo de los siglos de lo que fue Valencia en el pasado. Una ciudad rodeada de “sexo” por doquier. ¿Tenemos los valencianos fama de libertinos? ¿O es por culpa de nuestra historia y monumentos aún presentes, tradición de literatura erótica, dichos o canciones picantes?

Fuente : Blogs.ua
Fuente : Blogs.ua

Antes de empezar más a fondo con el artículo, queremos deciros que en ValenciaCulture.com estamos a favor de la educación sexual como enseñanza, porque, nos guste o no, el sexo forma parte de la vida de todos. La educación sexual debería de estar presente en las escuelas, sin tabús, siempre y cuando sea adecuada a las edades para informar en sus despertares sexuales. El sexo con una educación en libertad, y con toda la información, no debería de ser un problema para evitar el desconocimiento que ha estado presente en otras épocas de nuestro país.

No hace mucho publicamos un artículo sobre una ruta erótica que se organizaba por la ciudad de Valencia, en la que los asistentes podían recorrer la ciudad para observar las múltiples señales, en iglesias y monumentos (a través de gárgolas), con temática sexual.

¿Qué es lo que inspiró a estos artistas en dejar huella en los momentos de la ciudad? Quizá fue por culpa de la leyenda del gran burdel medieval de Valencia, un prostíbulo que durante siglos ocupó un barrio entero, y que actualmente recorrería calles y espacios totalmente diferentes y que no tienen nada que ver.

Fuente : Levante.emv
Fuente : Levante.emv

Y es que la Valencia de la edad media era diferente, con sus propias leyes, “Els Furs”, y fue la ciudad de Babilonia entre los años 1325 y 1671, ya que en ella se encontraba la mancebía más grande de la historia del Mediterráneo.

En aquellos tiempos las murallas de la ciudad de Valencia (que desaparecieron en el siglo XIX) se cerraban al caer la noche con el repique de campanas (toque de queda) y más de uno se tenía que quedar “a la luna de Valencia”. Esto significaba que aquellos rezagados que llegaban tras el cierre no pudieran pasar al interior y por lo tanto no tenían posibilidad de ir a dormir a sus casas y debían pasar el resto de la noche al raso, o sea, “a la luna de Valencia”, y de ahí viene el dicho popular.

Por cierto, la Valencia nocturna de aquellos tiempos era muy diferente a la actual pero posiblemente fue mucho más avanzada por la sensibilidad social que demostraban, gracias a que a finales del siglo XIV, algunas ciudades como Valencia dedicaron parte de su erario público a las mujeres arrepentidas (mujeres que ejercían y que podían dejar el mundo de la prostitución) concediéndoles una dote para su integración social a través del matrimonio, a pesar de la época en la que se vivía. A pesar de todo esto, cabe decir que las edades de muchas de las prostitutas eran muy bajas (niñas que apenas llegaban a los 15/16 años) y la esperanza de vida así como las enfermedades de la época,  mermaban la población considerablemente.

Durante tres siglos y medio una zona de la ciudad estuvo reservada para viviendas de las prostitutas, una especie de Barrio Rojo de Ámsterdam. A él podían acceder todo tipo de hombres mayores de edad y con dinero, aunque estuvieran casados, mientras que no fueran ni sarracenos ni judíos.

Por aquel entonces, en Valencia el rey Jaume II, “el Just” ordenó emplazar la mancebía en la Pobla de Bernat Villa, al noroeste de la ciudad, fuera de las murallas, y ocupaba un área que iba entre las calles Salvador Giner, Alta, Ripalda y Guillem de Castro. Se hallaba fuera de las murallas, pero, por azar, con la ampliación del recinto de la ciudad en 1356 se quedaron dentro y así comenzó lo que sería el mayor prostíbulo de todo el Mediterráneo en la edad media.

Fuente : Slideplayer
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Poco a poco, la voz de la iglesia intentó hacer desaparecer la cultura sexual que se había creado por entonces, denigrando a las meretrices por su trabajo a causa del tabú́ del sexo, y que a diferencia de otros grupos marginados, eran consideradas como un mal necesario y un ejercicio de pecado.

Pero entonces, ¿qué tenía de especial aquella Valencia con respecto a otras ciudades famosas de nuestro país con prostíbulos? Según fuentes consultadas, la prostitución en los siglos XIV y XV era una práctica habitual en España y en ciudades como, por ejemplo, la de Sevilla (que se creó en 1337) o la de Barcelona (1448), los lugares para el consumo del acto sexual eran una práctica más y normal establecidos en una sociedad acostumbrada.

Pero Valencia se diferenciaba del resto y fue mejor que ninguna otra ciudad. Quizá porque la práctica se quedó dentro de las murallas; quizá por su riguroso sistema de control médico (en la que se hacían revisiones médicas para garantizar la salud de prostitutas y por el bien de clientes) y de orden público o simplemente porque gente de todas partes visitaba la ciudad en busca del turismo sexual. Fuera por el motivo que fuese, triunfó. Y eso provocó críticas y recelos en todas las clases sociales de la época. Prácticamente desde el principio se intentó frenar la expansión del meretricio, bien sea por la presión de la iglesia o con los erarios antes mencionados para el perdón y arrepentimiento en el abandono de la práctica sexual. Pero fue en vano. Las arrepentidas, que es como se les llamaban, eran más bien pocas. Las prostitutas valencianas cobraron fama nacional y eran de visita obligada. A principios del siglo XVI la mancebía de Valencia tenía los precios más altos de los reinos de España y era un servicio muy caro de costear al alcance de cualquiera, solo para clases altas o adineradas. Acostarse con una prostituta de Valencia era el doble de caro que en cualquier otra ciudad de la corona española. Las prostitutas ganaban tanto dinero que se adornaban con las mejores sedas y joyas,  causando la envidia de las damas de la alta sociedad.

Esto provocó inspiración en artistas y, por ejemplo, las alusiones a las prostitutas eran habituales hasta en los edificios. En la actualidad, podemos contemplar un claro ejemplo en una famosa gárgola de la Catedral de Valencia, cerca de la puerta románica, en la que se muestra a una mujer madura desnuda sujetándose los pechos con lascivia. Otra gárgola, de la Lonja, muestra sin pudor su sexo desnudo señalando precisamente al sitio original donde se ubicaba el burdel que hoy seguiría en pie si nada hubiera cambiado.

Todo aquello se convirtió en un parque temático sexual, la metrópoli de la perdición, y la fama de las damas llegaba hasta confines lejanos de la península. Daba igual que hombres de la ciudad como San Vicente Ferrer las aceptaran como ese mal menor o que las autoridades actuaran contra ellas con rigor, y tuviesen contratados a personas que las visitaban regularmente (a las prostitutas) para controlar la propagación de enfermedades venéreas. Las voces que pidieron un control más férreo sobre el burdel fueron en aumento.

Era una ciudad dentro de la ciudad. Además cabe señalar que las prostitutas no sólo se dedicaban al “oficio más antiguo del mundo”. Muchas de ellas tenían dotes que utilizaban de forma picaresca, y por ejemplo cantaban o recitaban poesía para multitudes u hombres ardientes para hacerles una estancia más placentera, incitándolos si cabe más aún con letras que “invitaban a pecar”. ¿Es posible que alguno de esos genes se nos haya transmitido hoy en día y por ese motivo seamos aún “tan calientes”?

Para pena de aquellos que frecuentaron el burdel, los “buenos tiempos” llegaron a su fin. Se impuso que las calles adyacentes se cerraran por las noches y los hombres que querían cortejar a sus amadas meretrices se vieron obligados a saltar las tapias. Otra forma consistía en sobornar a los hosteleros para que dejasen la puerta abierta y aunque se arriesgaban a sanciones, estas se pagaban directamente de un fondo común. Incluso había prostitutas que fueron descubiertas disfrazadas de hombres, intentando salir para ver a sus amantes.

Así que, como todo en esta vida, llegó su fin. El burdel de Valencia se cerró, como todos los de España, con los primeros años del reinado de Carlos II, finales del XVII. Las últimas prostitutas fueron enviadas a la casa/convento de San Gregorio, justo donde hoy se encuentra el Teatro Olympia de Valencia, en la calle San Vicente. Allí acabaron las últimas siete prostitutas oficiales que tuvo la ciudad, que fueron convertidas y perdonadas de sus pecados, dando lugar a la leyenda urbana de “los siete ángeles”. Es así como la Valencia medieval y de los tiempos de los Borgia fue una ciudad lasciva, erótica y llena de sexo por algunos de sus barrios.

Además del burdel, hay que sumar otros aspectos que hacen que Valencia siga siendo “tierra sexual”. El mundo hortofrutícola es una muestra más de que pueblos y barrios relacionaban el campo con el universo erótico a través del vocabulario: nap, figa, llima, bacora, cotorra, pardal, piu, parrús, etc. Canciones populares huertanas, daban pie a “pensar mal” por el amplio vocabulario utilizado con doble sentido.

Pero no solo la Valencia más antigua era totalmente erótica. En nuestra historia más reciente un claro ejemplo es el nacimiento de las Fallas, en las que la sátira y el erotismo siguen aún presentes en monumentos,  canciones y festividades.

Fuente : Ojo digital
Fuente : Ojo digital

Con el nacimiento de las revistas eróticas en el siglo XIX y en el XX, Valencia se liberó de esa represión que inició Carlos II en su día y que el pueblo valenciano solo podía exteriorizar en forma de fiestas, reuniones o esconder por temor a represalias. Llegaron los cabarets, llenos además de revistas y artículos eróticos, que por ejemplo dieron lugar al nacimiento de los hoy tan conocidos “sex-shops”, ya que fueron los primeros lugares en vender revistas, postales o artículos eróticos. Como curiosidad, muchos de estos locales repartían folletos a sus clientes para informar de las enfermedades venéreas y preservar la salud frente al sexo. Con el derribo de murallas se llevó la prostitución a barrios alejados al centro, a pesar de que aún quedaban recónditos lugares como el Carmen. También llegaron los cines donde solo proyectaban películas eróticas en la época posterior a la transición, ya que en tiempos posteriores a la guerra civil, en la España franquista, no estaban permitidas ninguna de estas proyecciones o cualquier cosa relacionada con el sexo, convirtiéndose España en un estado totalmente eclesiástico y reprimido. A día de hoy, Valencia es una de las 5 únicas ciudades que aún conservan un cine erótico en pie, en el número 64 de la calle Cuenca.

Y sí, todavía hoy se recuerda esa Valencia gótica, dónde se ubicaba el mayor prostíbulo de la Europa medieval.  Hay incluso quien se reúnen al repicar campanas al anochecer frente a la Catedral, donde se leen relatos eróticos escritos hace 500 años y a la “luna de Valencia”…

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5 comentarios en La Valencia “Caliente”

  1. Ni siquiera durante el franquismo dejó de ser Valencia como era antes. Los cabarets aún seguían operando, uno frente a la mismísma plaza de toros, encima de lo que ahora es la librería Soriano.

    Por cierto, ese “… daron lugar…” hace verdadero daño a los ojos.