17 años de la noche que cambió la historia del valencianismo

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Muchas personas tienden a olvidar fechas importantes en su vida: cumpleaños de hijos, aniversario de la mujer (sí, curiosamente somos los hombres los que tendemos a cagarla con las fechas), incluso citas importantes. Otros somos unos frikis de las fechas y nos acordamos de todas. Hoy celebramos una de esas fechas que pasaron a la historia. Del fútbol, en este caso.

Tal día como hoy, un grupo de tíos por los que nadie daba un duro se plantó en el Estadio de la Cartuja y decidió que era el día perfecto para hacer el partido perfecto. Aquellos tíos, liderados por el general romano de apellido Ranieri y de nombre Claudio, dijeron a España: “Mirad bien, porque nosotros vamos a marcar el camino de este deporte en los próximos años”. Y así lo hicieron.

En torno a las 9 de la noche comenzó a rodar el balón sobre el césped sevillano, tierra santa la andaluza. Después de realizar una magnífica temporada en la que alguna derrota absurda privó a aquel equipo de conseguir el título de Liga, aquella era la noche indicada para devolver la gloria a una entidad y una afición hambrientas de títulos. Y lo demostraron desde el primer momento. Porque al descanso ya ganaban por 2-0 a un Atlético de Madrid en horas bajas, pero que siempre daba lo mejor de sí mismo en el torneo del KO.

Quizá la historia ha sido injusta con el ‘7’ de aquel Valencia. No porque no se recuerde al Piojo López como un ídolo del club (de hecho para mi sigue siendo el número uno), sino porque aquella noche en la que se salió con dos golazos quedó eclipsada por la auténtica maravilla que Gaizka Mendieta, aquel rubio incansable, se sacó de la chistera.

El gol de Mendieta. Imagen para la historia – diarioche.com

Podríamos decir que Ilie, la cobra, el desperdicio de talento, la puso perfecta, y que él hizo lo que nunca nadie más hizo, logrando el que quizá sea el mejor gol en la historia del Valencia, pero lo mejor es que lo disfrutéis vosotros mismos.

Fue la noche de las lágrimas de Claudio, más cercano de volar a tierras romanas por un buen puñado de dólares que de volver a vestir la camiseta ché. Fue la noche de aquel tipo anónimo que salió ante las cámaras tras el gol de Mendieta con un gesto como diciendo “¿habéis visto esa auténtica obra de arte?”. Fue la noche en la que Mestalla, con sus pantallas gigantes, bailó al ritmo del “probe Migué”. Fue la noche en la que los cláxones no pararon de sonar en Valencia. La noche en la que Jesús Gil demostró al mundo su mal perder (igual que Mena, que no saludó a la reina) anunciando el fichaje de Claudio Ranieri nada más terminar la final. También fue la noche en la que un gesto simbólico, que fue el alzamiento de la copa por tres jugadores, demostró que el conjunto es más poderoso que el individuo. Pero, ante todo, fue la noche que cambió la historia del valencianismo, y que supuso la primera victoria para miles de valencianistas como el que os escribe.

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