La semana pasada ya os anunciamos que el sábado 3 de octubre se iba a realizar una Ruta por el Patrimonio Industrial y Rural de Benicalap y Marxalenes, organizada por la empresa de servicios culturales y turísticos Caminart, en colaboración con el Círculo por la Defensa y Difusión del Patrimonio Cultural y APIVA y compartimos con vosotr@s el artículo que Cesar Guardeño, presidente del Círculo, escribió para la ocasión. Como no podía ser de otra manera, decidimos apuntarnos y aportar nuestro granito de arena para ayudar a financiar el documental que están haciendo sobre La Ceramo. Tras esa intensa e interesante ruta, hoy quiero compartir con vosotr@s mi experiencia y reflexiones al respecto.

A las puertas de Bombas Gens comenzamos la ruta que nos iba a llevar por estos dos barrios, conociendo sus inmuebles de valor histórico y cultural de primer nivel, pero que por falta de fondos se encuentran en un estado total de abandono y deterioro, lo que les ha hecho caer en el olvido. ¿O igual no del todo? Porque de ser así, yo no estaría escribiendo estas líneas y tú no las estarías leyendo. Por suerte siempre hay alguien que está ahí para luchar por restituir el valor de las cosas que otr@s ya hemos olvidado, como hacen estas tres organizaciones o las asociaciones de vecinos que reclaman infraestructuras para unos barrios que han sido dados de lado.

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Empezamos la Ruta por el Patrimonio Olvidado con buenas noticias, Bombas Gens, la antigua fábrica de bombas hidráulicas obra de Cayetano Borso di Caminati (arquitecto también del edificio Rialto), cuya fachada es considerada como la entrada del Art Decó en Valencia y que lleva abandonada y deteriorándose desde su cierre en 1991, por fin tiene un proyecto en firme de rehabilitación. Por suerte la idea de un centro comercial un hotel de lujo han sido sustituidas, gracias a la Fundación “Per Amor a L’Art, por un centro de día destinado a jóvenes en riesgo de exclusión social, un espacio de arte y una sala que servirá para almacenar documentación sobre investigación la enfermedad de Wilson y otras afecciones raras. Como bien nos comentaron el sábado en la ruta Esteban, Cesar y Diana, no sólo es importante proteger y rehabilitar el patrimonio, además hay que hacerlo pensando en el entorno, sus necesidades y la función que se le va a dar.

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Fotografía de Eva Nadal

Desgraciadamente, no todo el patrimonio histórico de la zona corre la misma suerte, muestra de ello es el documental que está grabando este grupo de historiadores del arte y arquitectos para poner en valor la emblemática fábrica de La Ceramo, cerrada desde 1992. No sólo es una grabación en defensa del inmueble desde un punto de vista arquitectónico, sino que principalmente quiere destacar la importancia de su actividad y producción para la historia reciente de Valencia, puesto que esta empresa decoró el Mercado Central o la estación del Norte, entre otras joyas de nuestra ciudad.

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Pero el olvido del patrimonio no acaba aquí, porque también dentro del Parque de Marxalenes, uno de los más singulares de la ciudad que integra alquerías, una antigua estación ferroviaria y la reproducción de un humedal que replica en parte el hábitat de la Albufera, tiene una antigua fábrica de aceite arrasada por las llamas hace años y que se mantiene en pie a duras penas. Incluso edificios que ya han sido rehabilitados dan problemas, porque igual no tuvieron un proyecto bien pensado detrás: un centro de mayores de tamaño insuficiente, una biblioteca que sólo tiene acceso desde el parque y cuando este se cierra a las 18h. en invierno ya no puede usarse… ¿Qué nos pasa en esta ciudad que siempre que se hacen proyectos tienen grandes fallos a la hora de darles un uso, cuando no empiezan ya los problemas en su ejecución? Con lo difícil que es conseguir los fondos necesarios para poder realizar cualquier intervención, ¿por qué no se planifican correctamente pensando en los ciudadanos y sus necesidades?

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Y las situaciones incompresibles se acumulan, como en el caso del palacete conocido como Casino del Americano, que después de que la administración invirtiese 3’5 millones en recuperarlo, sigue abandonado y deteriorándose ante la imposibilidad de anexionarlo al Parque de Benicalap y la ausencia de un proyecto para su puesta en valor de manera independiente. Mención aparte merecen las alquerías de la Torre y del Moro, joyas del patrimonio rural valenciano, ubicadas en el límite de la ciudad con la huerta. La primera, hasta principios de este año era propiedad del Valencia Futbol Club, quien la tenía cerrada y abandonada, lo que facilitaba su deterioro natural y también a consecuencia de actos vandálicos, siendo que probablemente tenga una de las muestras más singulares de cocina valencia de la época. La segunda, es la alquería más antigua que conserva la ciudad de Valencia y que además está protegida como bien de interés cultural. Por si no sabéis lo que eso significa, os lo explico, tiene el mismo nivel de catalogación y la misma relevancia cultural que por ejemplo las Torres de Serranos, sin embargo ni siquiera es en su totalidad de propiedad pública y además, se han hecho intervenciones atroces en algunas de sus partes arquitectónicas más valiosas.

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A las personas si hay una cuestión que nos inquieta enormemente es aquella de: ¿de dónde venimos y a dónde vamos?… pues amig@s si la forma en la que tratamos nuestro pasado determina nuestro futuro… lo tenemos muy negro.

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