¿Son éstas las Fallas que queremos?

Cuando todavía estamos con la resaca de las que han sido, posiblemente, las Fallas más polémicas de la historia, llega el momento de la reflexión y el análisis de lo que hemos vivido. Las primeras Fallas Patrimonio de la Humanidad se han visto envueltas por una serie de situaciones que han llevado el debate a la ciudadanía.

Era grande la expectación que se había levantado cuando a finales de noviembre se declaraba a las Fallas como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Esto significaba un reconocimiento universal a una fiesta que llena de orgullo a los valencianos pero que, a su vez, ha perdido parte de su esencia.

La primera gran polémica llegó con la presentación del diseño de la Falla del Ayuntamiento, un monumento que claramente tenía tintes políticos, para bien o para mal. Quizá ese mensaje que quería transmitirse era adecuado para una entidad privada, pero posiblemente no lo fuese para la Falla de todos los valencianos.

Aquel diseño pareció caer en el olvido hasta que llegaron los días previos a la plantà. El monumento comenzó a montarse en la Plaza del Ayuntamiento y se armó la gorda. Muchos se quejan de que esta Falla se cargaba el sentido de nuestra fiesta, y acusaban al gobierno local de romper con las tradiciones valencianas.

Falla del Ayuntamiento 2017 – Foto: La Vanguardia

Si bien es cierto que el diseño es considerablemente feo, no es menos cierto que las Fallas precisamente representan eso, crítica y sátira. ¿Era adecuado para como monumento de todos? Seguramente no. ¿Había que armar la que se ha armado? Seguramente tampoco. Aunque bueno, el aparato mediático estaba al servicio de su dueño e hizo un trabajo a la perfección. Realmente, si algo tenía este monumento era esencia fallera, vuelta a los orígenes, más allá del colorido o no de las piezas, de lo bonito o feo del diseño.

Y aquí llegamos al punto de hipocresía más grande que se ha vivido en esta ciudad en los últimos años. Si la torre de telecomunicaciones se hubiese construido, diríamos eso tan valenciano de que “es la mejor torre de telecomunicaciones del mundo, la más bonita y la más grande”. Porque ya sabemos, aquí tenemos “la mejor comida del mundo”, “las mejores playas del mundo”, “la mejor ciudad del mundo”, “la mejor afición del mundo”, e íbamos a tener “el mejor estadio del mundo”. Pero claro, esta Falla es de los rojos catalanistas que nos van a quitar las tradiciones.

Pero el objetivo de este debate no es el del diseño de la Falla del Ayuntamiento. Ni siquiera de si hay rojos, azules, fachas, catalanistas o blaveros en el poder. Eso es aburrido y cansa, la verdad. Vayamos más allá.

¿De verdad son éstas las Fallas que queremos?

Recuerdo que cuando era niño, en las grandes comisiones falleras se solía instalar una feria, que daba vidilla al entorno. Muchos éramos los chavales que bajábamos todas las tardes (siempre y cuando la dura economía infantil lo permitiese) a la Falla de nuestro barrio a subirnos en el Mono Loco, en los coches de choque, o a jugar a esas maquinas gancho en las que difícilmente ganabas algo.

Aquellas ferias que recuerdo de mi infancia desaparecieron de un año a otro. La explicación que conozco, que no sé si es cierta, es que la feria quitaba protagonismo a los monumentos, y por ello se decidió no volver a instalar atracciones. Las Fallas eran Fallas, no ferias.

Como cualquier persona, fui creciendo, y la pasión por las atracciones cambió por la pasión por los botellones. Y las verbenas. ¿De verdad alguien imagina unas Fallas sin verbenas? Es una combinación ideal: arte y tradición por el día, música y alcohol de noche. No, realmente no lo es, al menos para nuestro estado de salud.

La Plaza del Ayuntamiento masificada durante una mascletà – Foto: planetamamy.com

La llegada de las líneas aéreas de bajo coste y, por qué no decirlo, Internet, ha provocado un efecto llamada a las más famosas fiestas populares de Europa (os recomiendo visitar Bilbao en su Semana Grande). Y esto, evidentemente, ha hecho que lleguen más turistas a nuestra ciudad durante la semana fallera. Buena noticia para el sector hostelero, que ve incrementado su volumen de negocio. Pero, ¿esto es bueno para la fiesta? ¿Qué tipo de turismo es el que ha llegado a nuestra ciudad en Fallas?

Mucho se ha hablado a lo largo de los últimos días sobre la “sanferminización” de las Fallas, y es cierto, las Fallas parecen la antesala de San Fermín. No por la fiesta en sí, que se mantiene intacta, sino por el tipo de turista que llega hasta Valencia y el comportamiento que trae este visitante. Las Fallas no deben ser sinónimo de borracheras, peleas y fiesta sin control hasta las tantas. Las Fallas son algo más que eso, pero acaban por no serlo. Parece que lo importante ya no es la fiesta en sí, sino la fiesta derivada. Y eso es muy triste.

Pero claro, vas por Ruzafa y tienes copas a 3 euros y cubalitros por 5 o 6. Alcohol barato significa borracheras. Y las borracheras tienen múltiples consecuencias, muchas de las cuales no suelen ser positivas. Bueno, luego podemos hablar también de lo tradicionales que son los Food Trucks, los kebabs y las torràs clandestinas o las “servesa fría un euro”.

Planteaba Eugeni Alemany esta semana en Twitter si debíamos volver a “localizar” nuestra fiesta más internacional, o si debíamos dejar seguir el curso que lleva en los últimos años. Es una cuestión que se debe analizar en profundidad. ¿Vale todo en Fallas? ¿Merece la pena estropear una fiesta tradicional por unos días de bonanza económica? Os animamos a debatir en los comentarios.

Síguenos en Twitter (@ValenciaCulture y @Monle85) y dale al “me gusta” en Facebook (Valencia Culture Magazine) para enterarte de todo el ocio, cultura e historia de Valencia.

Suscríbete a Valencia Culture Magazine

Suscríbete en nuestra web y recibe toda la información de Valencia al instante

Be the first to comment