¿Es posible otra riada en Valencia?

Fuente: meloussa.wordpress.com

Dos de la madrugada del 13 de octubre de 1957. Amparo Ibáñez vio interrumpido su sueño al escuchar unos fuertes ruidos causados por lo que parecía, una intensa lluvia. Nada más lejos de la realidad: desde el balcón de su primer piso del Camino Hondo del Grau (la actual Islas Canarias) al agua le faltaba un palmo para alcanzar su vivienda: “Veía como mis vecinos se agarraban a lo que podían para no ser arrastrados por la fuerte corriente”.

Todo comenzó poco después de las 12 de la noche, las alarmas comenzaron a sonar por todas partes, las fuerzas de seguridad se movilizaban y es que Valencia estaba sufriendo una de las catástrofes meteorológicas más notables de su historia. Días antes se apuntaron claros precedentes al suceso: el sábado 12 de octubre las inundaciones ya habían sido protagonistas en la ciudad. Los partes de trabajo de los bomberos reflejaban que en algunos lugares el alcantarillado no daba a basto. Así citó Las Provincias: “El cauce del Turia venía crecido, aunque no de forma alarmante”.

Placa de la riada de 1957 en la calle Navarro Reverter de Valencia
Placa de la riada de 1957 en la calle Navarro Reverter de Valencia

La radio se convirtió en la principal protagonista, alertando a la población de la catástrofe que se les avecinaba: “Atención, Atención, Atención, según nos comunica el Gobierno Civil de la Provincia y el excelentísimo señor Alcalde de la ciudad, se advierte a todos y principalmente a los vecinos de las barriadas de Nazaret que el río Turia ha experimentado una importante crecida que a su paso por Manises presenta caracteres verdaderamente alarmantes”.

Horas después los pronósticos se confirmaron con total exactitud, el Turia sobrepasó el límite y las primeras olas comenzaron poco a poco a inundar las calles de la capital.

El río llevaba más de 1000 metros cúbicos por segundo, superando así en dos metros y medio su nivel habitual. El agua potable perdió presión, comenzó a manar sucia y finalmente fue interrumpida. La electricidad faltó en la mayoría de los barrios. Los teléfonos se colapsaron y docenas de tapas de alcantarillado fueron despedidas por los surtidores que comenzaron a expulsar agua color chocolate sobre las calles.

Algunos puentes habían desaparecido, junto con parte del pretil de piedra del torrente y gran parte de la ciudad había sido dañada.

Fuente: www.skyscrapercity.com
Fuente: www.skyscrapercity.com

A las cuatro de la madrugada había llegado a su caudal máximo, 2700 metros cúbicos por segundos. Los vecinos vivieron verdaderas momentos de angustia y desesperación: “Las aguas se llevaron consigo los recuerdos de toda una vida”, rememora Joaquín Landete con lágrimas en los ojos.

Durante las siguientes dos horas el caudal disminuyó lentamente su nivel. Sin embargo, a la mañana siguiente la situación seguía visiblemente insostenible.

Pavoroso amanecer

Valencia había quedado incomunicada, no se vendían periódicos en los kioscos que habían podido abrir y las escasas líneas de teléfono y telégrafo disponibles habían sido puestas al servicio de las autoridades competentes.

Cuando todo parecía haber terminado, una segunda riada arrasó la ciudad del Turia con mayor intensidad que la noche anterior. La ausencia de medios de comunicación provocó entre los vecinos un aumento de pánico, puesto que les privaba de un mayor conocimiento de la fatídica situación.

Fuente: meloussa.wordpress.com
Fuente: meloussa.wordpress.com

A las dos de la tarde se desató un diluvio que no ayudó a mejorar la situación. “Llovía con tanta fuerza que el agua no te permitía ver la fachada que teníamos en frente. Solo se oían gritos de terror, el ruido de los cristales reventados y se veían muebles flotar entre las calles”, explica conmocionada Amparo.

A media tarde, cuando las cuencas del Turia y de los torrentes de los alrededores de la capital dejaron de vomitar agua, Valencia apareció como una ciudad saqueada o como un inmenso campo de batalla. Los sentimientos se unificaron en una sola voz: el gran ruido del agua y el silencio de la ciudad.

A las siete de la tarde llegó el momento que todo valenciano esperaba, el fin de la riada, dejando tras de sí muertos, heridos, y montañas de barro. A partir de ese momento comenzó la movilización general de recursos y ayudas de los barrios más afectados. A lo largo de los siguientes días, semanas y meses fueron llegando alimentos y medicinas procedentes del resto del país. “Los primero días de la riada Valencia estaba cortada y no dejaban enviar ayuda desde las afueras a la capital”, comenta Joaquín.

Fuente: valenciablancoynegro.blogspot.com
Fuente: valenciablancoynegro.blogspot.com

La primera ayuda que llegó fue un camión de pan procedente de Alcoi, al que luego se le sumaron países como Holanda, Francia, Gran Bretaña, Italia y Portugal y más tarde por parte de Estados Unidos, Suecia y Uruguay. Sin embargo, la ayuda oficial del Estado no llegó hasta mediados de diciembre con el llamado “Decreto de Adopción a Valencia”, donde se donó 300 millones de pesetas tanto para los habitantes de la capital como de los alrededores. Sin embargo, para los daños en comercios e industrias no se destinó donativo alguno sino préstamos a bajo interés y a largo plazo. Además se organizaron festivales, conciertos, colectas, rifas y una gran cantidad de iniciativas que tenían un único fin: ayudar a Valencia a sobreponerse del trágico suceso.

El caso de Pedralba

La localidad valenciana de Pedralba tuvo la mala fortuna de ser la primera población en sufrir las consecuencias del desbordamiento del río Turia. El fuerte viento y la lluvia afectaron a la estructura del puente de entrada, tanto que en pocas horas se vio derruido, arrollando todo lo que encontraba a su paso. La desgracia de Pedralba fue la peor de cuantas ocurrieron fuera de la capital, llegándose a contabilizar un total de 18 víctimas mortales. Gracias al aviso de Pedralba, serenos y guardias de Valencia pudieron alertar a numerosos vecinos sobre la crecida del río, lo que ahorró muchas vidas.

Infográfico de las zonas más afectadas.
Infográfico de las zonas más afectadas. Cristina Álvarez

Daños del suceso

Oficialmente se registraron 81 muertos y extraoficialmente se calcula que pudieron llegar a los 300 fallecidos. Más de 800 viviendas fueron destruidas o tuvieron que ser demolidas como consecuencia de la fuerza del agua. Las pérdidas económicas rondaron entre los 3.200 y los 4.400 millones de pesetas entre viviendas, transporte, etc. La lluvia no trajo consigo solo daños materiales y víctimas mortales, sino que cubrió a la ciudad bajo una capa de lodo y fango que superaba los 25 centímetros. La llamada “batalla del barro” se centró en unos 11’2 Kilómetros cuadrados en la zona urbana, donde se acumuló un promedio de 1.131.000 toneladas.

Fuente: foros.menshealth.es
Fuente: foros.menshealth.es

Los efectos del temporal persistieron durante semanas e incluso meses. Y es que, los niveles alcanzados por el agua se mantuvieron lo menos tres largos días, provocando la incomunicación total de la población valenciana con las localidades más próximas. Las aulas de los colegios no abrieron sus puertas de nuevo hasta pasados dos meses, haciendo que los niños alargaran inesperadamente sus vacaciones.

Consecuencias

Los daños fueron devastadores, tanto que desde el Ejecutivo se llegó a una única conclusión: una tragedia como esta no debería de repetirse. Desde ese momento se comenzaron a trazar las líneas del “Plan Sur”, una iniciativa que pretendía desviar el Túria por el sur y colocar las vías en paralelo al nuevo cauce. El 28 de junio de 1958 la medida fue aprobada por el Consejo de Ministros, sin embargo, no se convirtió en Ley hasta que tres años después fuera aceptada por las Cortes Españolas.

En 1972 se terminó la construcción del nuevo cauce y el 18 de junio de ese mismo año, una riada lo llenó el nuevo de orilla a orilla. El viejo cauce del Túria iba a ser ocupado por la autopista de Madrid a Valencia pero se produjo una gran campaña de protesta contra esta solución y fue destinado a zona verde.

Fuente: www.spanishresidency.co
Fuente: www.spanishresidency.co

Según el libro “Hasta aquí llegó la riada” de Francisco Pérez Puche, es posible un nuevo desbordamiento del río, pues el nuevo cauce del Túria tiene una capacidad muy ajustada respecto a la riada pues está capacitado para abordar 5000 metros cúbicos por segundo y en 1957 fue de 3500 metros cúbicos por segundo con picos de hasta 4200 metros cúbicos. Por esa razón, se han prohibido grandes edificaciones en el antiguo cauce del río.

Los vecinos aún guardan el recuerdo de aquel 14 de octubre de 1957 rememorando lo ocurrido año tras año. Esas historias han pasado de generación a generación, transcribiéndose en una gran cantidad de libros como “Hasta aquí llegó la riada”, donde se narra, además de las experiencias de sus habitantes, cómo fue tratada por los medios de comunicación.

La primera riada fue la de la sorpresa y los muertos, la segunda la de la gran destrucción de la ciudad.

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9 comentarios en ¿Es posible otra riada en Valencia?

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