El dedo en la llaga: cuidado con las redes sociales

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Las redes sociales, ese lugar donde todo vale. ¿Me caes mal? Te pongo a caer de un burro. ¿He comido mal en tu restaurante? Echo pestes sobre ti. Nos da igual que nuestra opinión sobre una persona pueda traerle graves problemas, total, ya nos hemos desahogado.

Me contaba la otra noche una amiga que un periodista de Valencia estuvo el otro día en el establecimiento en el que ella trabaja intentando devolver un teléfono móvil que había comprado y que se había roto. Una rotura de las que no están cubiertas por la garantía del producto, por supuesto. No contento con soltar lindezas del tipo “la puta de la rubia” que hicieron que tuviese que intervenir el guardia de seguridad del establecimiento, este personaje continuó con su guerra desde casa, escribiendo una cantidad de twits indecentes contra el establecimiento (puedo estar de acuerdo) y contra la empleada (no puedo estar de acuerdo jamás). ¿Qué más da que llegues a hacer daño psicológico a una persona? Total, ya te has desahogado y has quedado como un macho cuando en realidad te estás comportando como un energúmeno. Porque ya sabemos las consecuencias que a veces traen estas actuaciones: empleado despedido y limpieza de imagen. Ya se sabe, muerto el perro, se acabó la rabia.

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Hace un par de meses, el chef Faus Arroyo escribió un artículo en nuestra web pidiendo cordura a quien, detrás de un ordenador, se dedica a despreciar el trabajo de los demás. Os voy a ser sincero. Hace unos meses, cuando esta web ni siquiera existía, escribí un artículo en mi blog personal siendo algo duro con un restaurante de comida rápida en el centro de Valencia. Me limité a ser sincero, y aún así, la nota fue decente, un 6. Ayer pasé por la puerta de este establecimiento. Estaba cerrado. Evidentemente, el establecimiento no cerró por la opinión que yo hice sobre el mismo, opinión que además se hizo con intención de mejora, pero no pude evitar sentirme culpable porque quizá había puesto un granito de arena más para ese cierre. Y el caso es que cené bien en aquel lugar, pero había una serie de situaciones que no podía pasar por alto y me vi en la obligación de criticarlo, siempre desde el respeto.

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El caso es que desde que leí aquella reflexión de Faus, he cambiado mucho mi manera de pensar. De hecho, difícilmente encontraréis críticas negativas en esta web. No porque vayamos a engañaros, jamás haríamos eso, pero si un restaurante suspende, prefiero hablar personalmente con el gerente que crear un problema hablando de ese local en público y ante todo el mundo, porque ese artículo puede ser leído por cientos de miles de personas que pueden verse condicionadas por lo que nosotros escribamos y decidir no visitarlo. Y creedme si os digo que más de una vez hemos tenido que dejar de lado un artículo sobre un restaurante que no nos ha gustado. Según los expertos, hacen falta cinco críticas positivas para compensar una negativa.

Pero el problema con las redes sociales va mucho más allá de criticar un negocio o un establecimiento. Es más, ojalá todo el problema fuese ese. Al igual que demostramos nuestra capacidad de hacer mofa de cualquier tema de moda casi al instante (¿cuánto tardaron en llegar los memes sobre Márquez y Rossi?), también somos capaces de mostrar todo nuestro odio. Y ese es un problema que me preocupa mucho. Solo hay que pasarse por los comentarios a las noticias de política o de deporte de algunos medios de comunicación para ver que ese no es el camino por el que debemos seguir. Y es algo que tenemos que corregir.

Fuente: vertele.com
Fuente: vertele.com

Incluso centrándonos en Valencia, hay una corriente de odio cibernético a todo lo que huele a catalán que asusta. Todos sabemos cual es la situación que tristemente se está viviendo allí, y ojalá se llegue a buen puerto y se consiga una solución a ese problema que nos afectará a todos. Pero el odio genera más odio, y esto puede acabar siendo muy grave. Entiendo que cada persona tiene su opinión, pero no es lo mismo debatir que insultar. Entre otras porque el insulto suele llevar una réplica, y la línea que separa el amor y el odio es muy fina.

Sensatez, por favor.

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6 comentarios en El dedo en la llaga: cuidado con las redes sociales

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