El Clot de la Mare de Deu, punto de encuentro de dos aguas

¿Agua dulce o agua salada? ¿Playa o montaña? Si quieres un paseo que lo tenga todo, no puedes dejar de visitar El Clot de Burriana.

Burriana es una localidad castellonense, a tan sólo 40 minutos de Valencia que, con menos de 35.000 habitantes, posee uno de los rincones naturales más frondosos que se pueden encontrar en la zona, El Clot de la Mare de Deu.

Declarado Paraje Natural Municipal en el año 2002, El Clot de la Mare de Deu te adentra en un bosque de ribera donde, a la sombra de los olmos, puedes hallar el mejor rincón para encontrarte contigo mismo y con la naturaleza. Te envolverá el canto de los pájaros que anidan en las copas de sus árboles, la belleza de los árboles que crecen desde el fondo del estanque y la majestuosidad del encuentro del agua dulce con el mar que se produce en la desembocadura del “estany”. Uno de los pocos lugares en la Comunidad donde se produce tan antagónico encuentro.

Desde su nacimiento, originado por manantiales a los pies del Riu Sec, hasta su desembocadura en el mar, este paraje te ofrece la oportunidad de perderte entre olmos, sauces y chopos en un bosque galería que alberga una prolífica vida tanto vegetal como animal.

A lo largo de este paseo, apto para todas las edades, podrás perderte en las cuevas originadas por las cañas y juncos que crecen al borde del río, así como disfrutar de las historias y leyendas que envuelven tan peculiar expedición. A medio recorrido una humilde ermita, dedicada a la Mare de Deu y muy venerada por los pescadores del Grau, te cobijará y te proporcionará un descanso. Según cuenta la leyenda, fueron unos pastores los que encontraron la imagen de la virgen cubierta por una campana en el estanque y en conmemoración a este hecho, se edificó la ermita en el año 1790.

Foto: Flickr

Si avanzamos en nuestro paseo, ya con el mar vislumbrándose en el horizonte, nos encontramos con la Torre del Mar, una edificación construida para defenderse de los galeones piratas que durante el siglo XVI expoliaban la costa en busca de riquezas y agua dulce. Una construcción que, con sus 10 metros de altura, dio albergue a la guarnición que protegía la ciudad cuando en 1519 fue atacada por 13 galeones.

Foto: Flickr

Y finalmente llegamos a la costa donde agua dulce y salada convergen y donde aún hoy, podemos imaginar como lo navíos del siglo I se adentraban en el estany, por aquellos años estuario navegable para embarcaciones de poco calado, para abastecerse de agua dulce para sus largas travesías mediterráneas.

Disfrutemos de un agradable paseo en cualquier época del año. Foto: elperiodicomediterraneo.com

Tras disfrutar de la brisa marina y del espectáculo que ofrecen las gaviotas que juegan y revolotean entre el lado dulce y el salado, podemos aprovechar para degustar la mejor gastronomía mediterránea en cualquiera de los restaurantes, que a lo largo del litoral nos ofrecen gran variedad de arroces o paellas, y culminar nuestra visita entre las embarcaciones ancladas en el puerto deportivo o viendo la llegada de los pescadores con las capturas del día.

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