De Cupido nadie se enamora – Capítulo 4

Quién me va entregar sus emociones,

quién me va a pedir que nunca le abandone,

quién me abrigará esta noche si hace frío,

quién me va a curar el corazón partío.

Quién llenará de primaveras este invierno,

y bajará la luna para que juguemos.

Dime si tú no estás, dime cariño mío,

quién me va a curar el corazón partío.

(Corazón partío -Alejandro Sanz-).

Fisioterapeuta

“Esta canción iba dedicada a todas las personas que sufren por un amor imposible”.

Dani pone la música, yo tomo la rosa que descansa sobre mi mesa y vuelvo a inspirar su olor. Releo una vez más las palabras que me ha escrito el Caballero solitario.

“Si es que ofende a vuestro ser,

entender que por vos muero,

confórmese con saber,

que ya que quiero,

quiero lo que no ha de ser”.

Después acaba diciendo que las palabras se las ha robado a un poeta del cuál no logra recordar su nombre.

-No pongas esa cara. -Interrumpe Dani mis ensoñaciones.

-¿Qué cara? No pongo ninguna cara.

-Pones cara de tonta enamorada.

-Yo no estoy enamorada ¡y no pongo ninguna cara!

Nuestra conversación queda interrumpida porque vuelvo a estar en el aire. Acaba el programa y recojo mis cosas. Me he traído la maleta a la radio porque hoy Martina pasa a recogerme. Mañana es su despedida de soltera pero esta noche quiere que la pasemos juntas nosotras solas. Hemos alquilado una casa rural pero hasta mañana no llegarán el resto de las chicas. Antes de irme Dani me entrega el CD que le pedí que me grabara con diferentes mezclas de música para la fiesta de mañana por la noche.

-¿De verdad que no puedo ir? -Me dice poniendo cara de chico bueno.- Tendréis al mejor DJ a vuestro servicio.

-Dani, sabes que por mí estaría encantada pero mañana saldríamos en los periódicos. Si te acercas a Martina a menos de cinco kilómetros, mi hermano te mata. Lo ha jurado.

-¡Vale! Mensaje captado.

Aunque resulta del todo incomprensible porque recordemos que la que tenía novio era Martina, no Dani, mi hermano jamás le perdonó que tuviera una historia con ella. Tuvieron una pequeña crisis que Martina aprovechó para desquitarse con Dani. Bueno, eso ya os lo había contado. Lo que no os había dicho fue que cuando Fran se enteró que el tío con el que Martina se había desquitado era mi amigo Dani, juró pegarle un tiro con su arma reglamentaria si se volvía a acercar a Martina a menos de cinco kilómetros. Mi hermano es guardia civil y cuando se enfada… Bueno, mejor no hacerlo enfadar.

Llegamos a la casa rural ya bien entrada la noche, (teniendo en cuenta que mi programa de radio acaba a la media noche, ya os podéis hacer una idea). Estoy muerta de sueño pero Martina insiste en que nos quedemos despiertas hablando. Prepara unos cubatas que lo único que consiguen es que mi somnolencia vaya en aumento.

-Lola, todavía no me creo que vaya a casarme. Durante años pensé que mi amor por Fran era un imposible. Lola, ¿estás despierta?

-Sí, sólo he cerrado un poquito los ojos. Sé a lo que te refieres, yo también tuve un amor imposible.

Por un momento se queda pensando; tampoco han desfilado tantos hombres en mi vida como para que no se acuerde.

-¡Oh! ¡Ya me acuerdo! -Grita emocionada.- Martín Ríos, tu fisioterapeuta.

Si os acordáis, tuve un accidente de coche nada más estrenar mi carnet de conducir. Estuve seis meses andando con ayuda de muletas y damos gracias a Dios por ello porque a punto estuve de quedarme inválida. Tres veces por semana iba al fisio para mi rehabilitación. Era, calculo, que unos diez años mayor que yo y su sonrisa me tenía hechizada. Nunca ocurrió nada salvo en mis ensoñaciones. Martín nunca me vio como otra cosa que no fuera su paciente pero yo sufría en silencio mi amor por él. Han pasado muchos años pero cada vez que recuerdo su sonrisa siento por dentro algo muy bonito. Hace un par de años me pudo la curiosidad y lo busqué por facebook. Ni siquiera llegué a enviarle una solicitud de amistad. Su foto de perfil distaba mucho del chico que yo recordaba. Totalmente calvo, cuarentón y encima tenía una relación… con otro hombre. Sólo por pura tradición me comí un trozo de tarta de queso con arándanos y después rompí el plato. Todo esto lo deseché de mi mente; prefiero guardar el recuerdo de aquel Martín Ríos del que estaba profundamente enamorada.

-No pongas esa cara, Lolita.

-Hoy a todo el mundo le ha dado por decir lo mismo. No pongo ninguna cara.

-Has fruncido el ceño y te has puesto triste. Te propongo un brindis.

Levanto mi vaso sin mucho entusiasmo, seguro que ahora brindaremos una vez más por la radiante novia.

-Brindemos por el amor de tu vida, para que se abran los camino y os encontréis porque es vuestro destino estar juntos.

-Muy profundo, Martina. Me lo anotaré para utilizarlo en la radio.

Brindo con ella aunque a estas alturas de la vida no creo que ese hombre exista. Todos alguna vez nos enamoramos de la persona equivocada; el problema es que yo absolutamente siempre me enamoro de la persona equivocada.

[Continuará…]

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