“De Cupido nadie se enamora”. Capítulo 3

Novela escrita por Vanessa Gonzalez Villar

Amor en el aire,

que nació del aire,

que vive en el aire,

no puedo olvidarlo.

Amor en el aire,

amor en el aire,

amor, amor…

(Amor en el aire -Rocío Durcal y Palito Ortega-).

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“Con la sintonía de nuestro programa nos despedimos por hoy. Buenas noches querido radioyentes. Gracias por acompañarnos a lo largo del programa. Se despide de todos vosotros Lola Cupido. Que tengáis dulces sueños”.

Tras estas últimas palabras dejo de estar en el aire. ¡Gracias a Dios! Y por fin viernes. Aunque el fin de semana que me espera me gusta y me repele a partes iguales.

-¡Uuum! Qué voz más sexy, Lolita. No sabes cómo me pones… -Dice Dani mordiéndose el labio.

-¡Cállate payaso!

Dani es mi técnico de sonido, mi mejor amigo y el único hombre en el que jamás me fijaría. Es alto, moreno, ojos color chocolate… hasta ahí bien. Lleva barba estilo hipster (según él) a mí me parece más estilo vagabundo. No sabe lo que es una plancha, prueba de ello son todas sus camisetas siempre arrugadas y descoloridas (tampoco creo que sepa poner una lavadora en condiciones), y con las mujeres es… dejémoslo en poco caballeroso. Aun así en cierta ocasión Martina tuvo más que palabras con él. Fue un desquite por un desengaño amoroso, nada más. Aunque ella siempre dice que estuvo bien y lo debería probar, como si de un trozo de pastel se tratara.

-Sois muy buenos amigos, un polvo eventual no destrozará vuestra relación.

-¡Oh, Martina! ¿Por qué no me haces el favor y te callas?

Pero esta conversación se ha repetido en más de una ocasión. Resulta del todo imposible que eso alguna vez ocurra porque a Dani lo veo como uno más de mis hermanos. Lo conocí en una entrevista de trabajo hace ya muchos años. Era para una pequeña radio y aunque no nos cogieron a ninguno de los dos, empezamos a ir juntos a un montón de entrevistas hasta que al final acabamos trabajando en la misma emisora de radio. La única condición que puse cuando me ofrecieron presentar “El amor está en el aire”, fue que Dani fuera mi técnico de sonido.

Salimos de la radio y Dani me acerca hasta casa en su coche. Tengo carnet de conducir pero no tengo vehículo, principalmente porque no tengo ninguna intención de conducirlo. Nada más sacarme el carnet tuve un accidente que me dejó traumatizada y creerme, el mundo está más seguro si yo no me encuentro al volante. Llegamos a mi pequeño piso y me apeo del coche.

-Que tengas un buen fin de semana.

-Que tengas dulces sueños. -Dice Dani imitándome.- ¿No me vas a dar un beso de despedida?

-Me pinchas con las barbas.

-Tú siempre tan dulce…

Le voy a echar de menos este fin de semana. Martina sigue siendo mi mejor amiga pero se ha perdido cierta complicidad entre nosotros. Encima desde que empezó con el tema de su boda ya no sabe hablar de otra cosa. Mis penas y glorias no son tema de interés para ella.

El sábado por la mañana, como casi todos los fines de semana, preparo mi bolsa de viaje y cojo el autobús hasta el pueblo. Allí paso el fin de semana hasta que llega el lunes y debo volver a ocupar mi puesto de trabajo. Este fin de semana son las fiestas patronales. Mi madre está como loca preparando bizcochos y más bizcochos. Esta noche todos saldremos a cenar a la calle y es tradición que las mujeres repartan bizcochos y mistela. Después hacen la verbena. Me junto allí con mis hermanos y amigos. Como los cubatas están a buen precio, acabo perdiendo la cuenta de lo consumido. He de reconocer que voy un poco piripi pero no tanto como para volverme a liar con Javi el gordo. Todos los años religiosamente lo intenta y yo todos los años le rechazo excepto una vez. Todos cometemos errores.

-Volverás a caer rendida a mis encantos. -Me die Javi con un guiño de ojos que resulta del todo menos sexy.

Lo cierto es que Javi no está nada mal. De gordo tiene más bien poco. Es personal trainer. Pero su personalidad me repele. No puedo olvidar sus constantes acosos en mi infancia. Más de una vez lloré por su culpa.

-Sí, sí Javi… Perdona pero tengo que ir al baño.

Es un plasta. Ahora me acosa en otro sentido y no sé qué es peor: el Javi asqueroso o el Javi baboso.

Hoy es domingo de procesión.  Mi madre me despierta temprano (sólo he dormido cuatro horas), para que me arregle porque nos vamos a misa, como todos los santos domingos de mi vida. Rigurosamente sigo llevando vestidos los domingos; al menos ahora los elijo yo y son de mi estilo. Me gusta mucho la moda de los cincuenta y sesenta. “Velvet” ha hecho mucho daño a mi vestuario, al menos eso dice Dani.

Después del tostón de homilía, salimos en procesión detrás de la imagen de la Virgen de la Caridad. Cuando pasamos por el pórtico, Martina me hace detenerme.

-¿Has visto las amonestaciones?

Está obsesionada con la boda. Claro que las he visto, llevan puestas dos semanas. La boda ya es inminente. Quiero mucho a Martina, de verdad. Pero no sé en qué momento dejó de lado su papel de amiga para meterse de lleno en el de cuñada. Por cierto, no os lo había dicho: Martina y mi hermano Fran ¡se casan!

[Continuará…]

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1 comentario en “De Cupido nadie se enamora”. Capítulo 3

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