“De Cupido nadie se enamora”. Capitulo 2

Autora de la novela Vanessa González Villar

Amores tan extraños que vienen y se van,

te hacen sonreír entre lágrimas,

cuántas páginas hipotéticas

para no escribir las auténticas.

Son amores que sólo a nuestra edad

se confunden con nuestros espíritus.

Te interrogan y  nunca te dejan ver

si serán amor o placer.

(Amores extraños -Laura Pausini-).

 carta

“Buenas noches queridos radio oyentes. Entre las cientos de cartas recibidas todas las semanas quiero destacar la recibida por parte de nuestro amigo anónimo Caballero solitario. Por eso la canción que acabamos de escuchar iba dedicada para él. Espero que haya sido de su agrado”.

No recibimos cientos de cartas obviamente, no soy tan popular. Pero sí tengo una correspondencia bastante fluida. La primera vez que leí “Caballero solitario” pensé: se trata de un pirado. Pero lo cierto es que, como su sobrenombre indica, es todo un caballero.

Todos los viernes puntualmente recibo una carta suya acompañada de una rosa roja. Debo reconocer que espero los viernes con ilusión, demás está decir que nadie, nunca jamás, me ha regalado flores. Es un hombre (no sabemos de qué edad) que está total y absolutamente enamorado de una mujer para la cual él ni tan siquiera existe. Es una historia de amor muy triste al más puro estilo de Jane Austin. Hay una frase en especial en la que me gustaría creer porque de no ser así dejaría de creer en el amor y entonces tendría un serio problema porque mi trabajo principalmente consiste en dar consejos de amor (que a mí demás está decir que nunca me funcionan).

“Cuando dos personas están destinadas a estar juntas, no importa dónde estén o con quién estén, tarde o temprano se encontrarán”.

Pero a veces siento que ese momento nunca va a llegar. Hubo un tiempo, hace muchos años que yo creía en el amor al cien por cien, que todo era tan sencillo como: me gusta un chico, yo le gusto a él, nos besamos y juntos para toda la vida. Lamentablemente no es así siempre. Todo lo contrario es muy, muy, muy complicado.

Os voy a contar cómo fue mi primer beso de amor. Bueno, de amor por parte mía, claro está. Y cómo, nuevamente, me rompieron el corazón. Martina y yo empezamos el instituto a la vez. Fue la época dorada, dejábamos de ser unas crías para convertirnos en unas adolescentes con gran potencial. El instituto estaba en otro pueblo y todos los días teníamos que coger el autobús para desplazarnos, eso nos concedía cierta libertad. A espaldas de mis padres (por supuesto) descubrí mi feminidad. Lo poco que ahorraba de mi paga se lo daba a Martina para que me comprara ropa a escondidas y maquillaje. Ropa sexy (faldas muy cortas y  camisetas hiper ajustadas) todo lo contrario a lo que estaba acostumbrada, recordar que siempre heredaba la ropa de mis hermanos. Lo metía todo en mi mochila junto a los libros y lo primero que hacía al llegar al instituto era encerrarme en el baño y dar el cambiazo: la marimacho se convertía en la chica sexy. Luego antes de volver a casa tenía que hacer la misma operación pero a la inversa y asegurarme de que no quedaran restos de maquillaje.

Mis hermanos, gracias a Dios me guardaban bien el secreto, entendían que mi madre siempre fue excesivamente estricta. Pero por muy distinta que fuera, por dentro seguía siendo la misma: la Lolita insegura con poca auto-estima que gracias a Pablito Martínez le costaba creer que algún chico pudiera fijarse en ella. Y cuando menos lo esperaba ocurrió. Raúl Olmos, el chico más popular del instituto, se había fijado en mí. Siempre se acercaba a nosotras en la hora del almuerzo y me dedicaba más de un piropo. Pero poco podíamos hacer así. Yo me moría por besarlo. Aunque nunca había besado a ningún chico y no sabía cómo dar el paso. Esperaba que él tuviera la iniciativa pero para eso teníamos que encontrarnos en el lugar adecuado. Martina consiguió convencer a mis padres de que nos dejaran ir a la discoteca en la sesión de tarde pero siempre custodiadas por mi hermano Fran. Me puse una falda vaquera que no media más de un palmo y un top que dejaba toda la espalda al aire.

Si mi padre me hubiera visto así de una bofetada me habría cruzado la cara. Afortunadamente no fue así. No tardamos en encontrar a Raúl cerca de la barra. Me invitó a una copa. Era la primera vez en mi vida que probaba el alcohol y en seguida empecé a sentirme mareada. No me acuerdo exactamente qué música sonaba en esos momentos porque yo era más de Laura Pausini y ese tipo de baladas románticas no del electro. Pero seguro que sonara lo que sonara fue la más bella canción de amor porque cuando Raúl se acercó a mí y sus labios rozaron los míos, yo creí subir al cielo y morir de amor en ese preciso momento. Fue un beso muy dulce. Pero poco a poco fue cobrando fuerza y se volvió más pasional. Cuando noté su lengua rozando la mía el primer momento me pareció algo extraño pero enseguida me acompasé a su ritmo y resultó excitante. Justo cuando sus manos empezaron a acariciarme por partes más inferiores de mi cuerpo, exactamente en mis glúteos, mi hermano Fran vino a separarnos. Le amenazó con que no se pasara ni un pelo con su hermana. Así que ya no hubieron más besos ese día. Toda la semana estuve como loca, subida en una nube de irrealidad. Cuando me cruzaba con Raúl se comportaba como siempre y eso me descentraba porque yo esperaba algo más. No sé, que me acompañara a clase tomados de la mano, que me dijera que estaba deseando volver a besarme o cosas de esas. Había pasado algo especial entre nosotros, ¿no? Yo esperaba un mayor acercamiento. Con la excusa del cumpleaños de Martina, conseguimos que dos semanas más tarde mis padres me volvieran a dar permiso para ir a la discoteca. Estaba deseando ver a Raúl y que me volviera a besar. Lo que sucedió en realidad estaba muy alejado de mis sueños románticos de amor. Nunca lo olvidaré por mucho que viva porque mi corazón por segunda vez hacía crack. Pablito Martínez había roto mi corazón de niña, Raúl Olmos se había encargado de destrozar el corazón de una Lolita adolescente. Lo vi junto a los aseos y con la excusa de ir al lavabo me acerqué a él. Justo cuando me disponía a saludarlo una rubia se abalanzó sobre él y se comieron literalmente los morros. Estúpida de mí salí corriendo de la discoteca para que nadie me viera llorar. Fran, siempre pendiente de mí, se dio cuenta de lo sucedido y me llevó de vuelta a casa junto a Martina que por mucho que intentó consolarme no lo consiguió. Lo primero que hice al llegar a casa fue comerme un buen trozo de bizcocho con virutas de limón y un ligero toque de canela de los que hace mi madre. Estuve reflexionando mientras me comía el bizcocho y Raúl no se merecía ni una sola lágrima más de las mías. Definitivamente él no sería el hombre de mi vida. Al terminar rompí el plato y sí, me sentí más a gusto. Punto final a esta historia.

[Continuará…]

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8 comentarios en “De Cupido nadie se enamora”. Capitulo 2

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