De Cupido nadie se enamora – Capítulo 12

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Si alguna vez preguntas el por qué,

sabré decirte la razón, yo no la sé,

por eso y más… perdóname.

Si alguna vez maldicen nuestro amor,

comprenderé tu corazón,

tú no me entenderás,

por eso y más… perdóname.

(Perdóname -Pablo Alborán-).

 

“Hace una semana, hice daño a la persona que más quiero: mi hermano. A veces intentando ayudar a las personas, las herimos en lo más profundo. Lo siento Antonio, nunca quise hacerte daño y esta es mi manera de pedirte perdón”.

-No te mortifiques, Lolita. -Me dice Dani.- Sabes que te perdonará…

Pero el programa de radio se acaba y sigo sin tener noticias de Antonio; se niega a responder a mis llamadas y mensajes. Ha pasado una semana, la peor de mi vida y no consigo que Antonio me perdone por mi estupidez. Dentro de todo lo malo, una buena noticia: Elena me felicita por el programa; dice que a última hora hemos subido los índices de audiencia. Vamos, que para tener más oyentes debo hacer público que mi vida es una basura y que hago daño a las personas que más quiero.

Dani me lleva hasta casa, como todas las noches. En la radio sólo ponen canciones melancólicas con inspiración navideña que lo único que consiguen es que se me salten las lágrimas.

-Lolita, te prohíbo que llores. Mañana vas a cenar con toda la familia y Antonio ya te ha perdonado.

-Yo no estoy tan segura…

-Fíjate en mí; mis navidades sí que son para echarse a llorar.

-Lo siento Dani. ¿Y dónde vas a pasar Nochebuena?

-En mi piso. Solo. Pediré una pizza y veré la tercera temporada de “Forever” entera.

-¿No te ha llamado tu padre?

-Sí, lo ha hecho… pero no quiero saber nada de ese señor.

-Lo siento Dani.

Me pongo otra vez a llorar; esta vez pensando en lo desgraciado que es Dani por culpa de una impresora multifunciones.

-¿Estás con la regla? Deja de llorar por todo…

-¡Vente conmigo!

-¿A dónde?

-Al pueblo. Pasa conmigo la Navidad, por favor.

-¡¿Estás loca?! Yo no pinto nada con tu familia. Además, ¿quieres que Fran me mate?

-¿Cómo que no pintas nada? Eres una de las personas más importantes de mi vida y quiero que mañana me acompañes. ¡Es una orden! Te prometo que Fran no te hará nada.

-¿Y si me pone sal en la bebida? Tú misma me contaste que se lo hacía a Antonio cuando se enfadaban.

-Te prometo que no tocará la sal…

Llegamos a mi portal y le amenazo con no bajarme del coche hasta que me prometa que mañana se vendrá conmigo.

-Está bien… puedo dejar “Forever” para Nochevieja.

-¡Sííííí!

En mi momento de euforia, le doy un beso fugaz en los labios. De inmediato me doy cuenta que acabo de incumplir mi promesa de: “no habrá una tercera vez”. Pero Dani no parece darle importancia. Yo disimulo.

-Pasa a recogerme mañana a las diez. ¡Qué bien! Me ahorro un billete de autobús. ¡Te requetequiero!

Entonces es él quien me besa y me pilla totalmente desprevenida. Un beso corto y fugar, como el mío. Vuelvo a disimular porque no quiero que se note que me acaba de dejar absolutamente descolocada.

-Y yo a ti, Lolita.

Subo corriendo al piso porque hace frío y porque no quiero que Dani vea cómo me sonrojo. ¿Por qué me gusta tanto que me bese? Se está convirtiendo en algo adictivo. De pronto tropiezo con uno sobre. Alguien debió meterlo por debajo de la puerta. ¡Es una carta del Caballero solitario! Reconozco inmediatamente el sobre. Es una preciosa felicitación navideña de un nacimiento. La abro y dentro me ha dedicado una poesía, firmada por el Caballero solitario.

Cuando miro sus ojos, señora,

en ellos veo reflejados mi alma.

Cuando miro sus labios, señora,

ardo de deseos por besarla.

Cuando rozo sus manos, señora,

sueño con poder amarla.

Porque toda usted, señora,

se ha adueñado de mi alma.

“Con toda mi admiración, le deseo que pase una FELIZ NAVIDAD“.

Debería asustarme que una persona anónima, totalmente desconocida para mí, haya averiguado mi domicilio personal y me esté dejando sobres por debajo de la puerta. Pero, en lugar de ello, me siento terriblemente halagada y es misma noche incluso, sueño con mi caballero misterioso. Sólo que en mis sueños tiene la cara de Dani y yo muero de deseo porque me robe otro beso. Pero eso sólo es un sueño que a nadie más voy a contar. No quiero que piensen que he perdido la cordura. Y si Fran se entera que un oyente me envía correspondencia a mi domicilio personal, es capaz de movilizar a todos los cuerpos de seguridad del estado.

[Continuará…]

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