De Cupido nadie se enamora – Capítulo 10

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Estabas ahí por donde tantas veces he pasado,

cuando te vi sentí que Dios me dio la mano,

eres tan simplemente bella,

eres mi luna, mi doncella…

Estabas ahí, cuando la vida se me estaba derrumbando,

vi tu mirada acariciándome los labios,

fue derribando las fronteras de mi corazón.

(Estabas ahí -Alejandro Fernández-).

 flores

“Esta canción iba dedicada a Silvia, de parte de Rubén. ¿Puede haber una confesión de amor más bonita? Seguimos recibiendo miles de cartas de nuestros oyentes y como no podemos leerla todas, hemos hecho una pequeña selección para hoy”.

¿Miles de cartas? Vale, puede que me haya pasado… Recibo más correspondencia de la que me da tiempo a gestionar, pero de ahí a que se cuente por millares… Hace ya dos semanas que no tengo noticias del Caballero solitario y siento cierta decepción. Encima hoy no está siendo un buen día. Antes de empezar el programa nos reunimos con la directora, Elena, y nos organizamos. Es una cincuentona amargada, alérgica al maquillaje y a todo lo que pueda resultar mínimamente femenino: vamos es como hubiera sido yo de haber seguido heredando la ropa de mis hermanos; un marimacho de la cabeza a los pies. Y hoy está más amargada que nunca porque me acaba de echar la bronca. Según ella, no empatizo con los oyentes. Debería contar un poco de mi vida privada para parecer más humana.

-Invéntate los novios; pero haz que la gente te quiera.

¿Perdona? ¿Qué me invente los novios? No me tengo que inventar nada, ¿vale? Si no tengo novio es porque yo no quiero, si quisiera me saldrían a patadas. Bueno, puede que haya exagerado un poco… Pero ahí tengo a Pablo que está loquito por mí y si todavía no estamos saliendo es porque yo quiero ir despacio, conociéndonos poco a poco. El sábado sin ir más lejos, Pablo se presentó en mi casa del pueblo, con un ramo de flores. Fue un momento de lo más cómico.

-¿Qué haces aquí?

Es lo primero que le solté. ¡Vale! Hubiera estado bien darle las gracias por las flores o algo de eso. Soné totalmente borde y para acabarlo de arreglar salió Fran detrás de mí y le soltó:

-No te esfuerces Pablo, mi hermana ya tiene pareja.

Quise morirme en ese instante. Bueno, quise matar primero a Fran y después morirme. Pero no sucedió nada de eso. Pablo, más rojo que un tomate pese al frío que hacía en la calle, contestó:

-No sabía que tuvieras novio, Lolita.

-Sí, era el payaso ese que vino a la boda. Quizás lo confundiste con algún músico de la orquesta.

-¡Fran, vale ya! No tengo novio.

-¿Cómo que no tienes novio? -Gritó Fran.- ¡¿Y entonces por qué te besaste con ese gilipollas?!

-¡Vámonos Pablo!

Entré a por mi chaqueta y salí huyendo de Fran y su interrogatorio, llevándome a Pablo casi a arrastras.

-¿Te apetece pasear?

Bajamos hasta el río, como cuando éramos críos y siguiendo su cauce le fui contando todo. La presencia de Dani en la boda, el motivo por el que mi hermano lo odiaba tanto, el acoso de Javi, la locura de besar a Dani para que todo fuera más creíble…

-Pero un beso con Dani no cuenta; es mi mejor amigo. Para mí es como si fuera gay.

Por la cara que puso Pablo no se lo tragó del todo. Y tenía razón para sospechar. Ya he soñado dos veces que me besaba con Dani y para ser un beso sin importancia me está dando muchos quebraderos de cabeza.

-¿Entonces no hay nadie en tu vida? -Me preguntó.

-¡No! Hace ya mucho tiempo que dejé de creer en los hombres.

-Perdóname Lolita, quizás en parte es culpa mía que pienses así.

-¿Por qué dices eso?

-Por lo que te dije en la fiesta de mi cumpleaños.

-¡Eran cosa de críos! Ya quién se acuerda de eso…

Yo por ejemplo, Lolita no mientas, siempre te ha dolido que te rechazara delante de todos y de esa manera…

-Tú también me gustabas, ¿sabes? De hecho… siempre me has gustado. Pero Javi y sus amigos me llamaban Nenaza y no quería que además se metieran conmigo por…

-Lo puedes decir: por ser amigo de la marimacho.

-Por lo visto Javi tiene su merecido por todo lo que te hizo sufrir: está loco por ti y tú jamás vas a fijarte en él.

Mejor que nunca se entere que me lié con él en unas fiestas…

-¿Me vas a dejar que siga paseándome con un ramo de flores en la mano? Me siento ridículo.

Los dos nos reímos y tomé las flores de la paz. Lo perdoné por las heridas del pasado y dejé que me besara. Ese beso con el que tantas veces había soñado de niña se hizo realidad. No fue mágico pero me gustó. Ahora mismo no me planteo nada, él me escribe todos los días, nos contamos cosas y… mañana vamos a cenar juntos así es que… lo que tenga que ser será. Como dice Dani, sería bueno que levantara las barreras de mi corazón. Y con Pablo es fácil porque todavía lo veo como mi amigo de la infancia. A parte que no puedo negar que cuando lo tengo cerca mi cuerpo reacciona. Quiero más que un simple beso.

[Continuará…]

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