De Comida por Valencia: La Cigrona (8’5/10)

La semana pasada ya os informamos que habían empezado las “Jornadas Gastronómicas del arroz y el vino valenciano” y como no, no podíamos resistirnos a su gran atractivo. Así que el sábado, cuando acabamos la exhaustiva Ruta por el Patrimonio Histórico Abandonado de Benicalap y Marxalenes, había que reponer fuerzas y decidimos ir a alguno de los establecimientos participantes. Tras un rápido vistazo a la guía de menús decidimos ir a La Cigrona, yo ya había estado un par de veces por lo que sabía que hacen una cocina tradicional valenciana de gran calidad, esmerada y con productos frescos de temporada y calidad y además el precio del menú era bastante razonable (25€).

El menú propuesto por La Cigrona para estas jornadas es:

  • Entrantes:

Sardina ahumada con tomate concasse

Ensalada de pato en escabeche, brotes tiernos, virutas de foie y vinagreta de mango

Croquetas de pollo a l’ast

  • Arroz (a elegir): Meloso de pato, setas y trufa

Meloso de rape, musola, gambas y alcachofas

Paella valenciana

Arròs del senyoret

  • Postre (a elegir): Tarta de zanahoria, pasas y nueces

Sorbete de limón con gelatina de Gin Tonic

  • Bebidas: Copa de vino D.O. Valencia

Agua, café o infusión

Llamamos para reservar mesa e indicar el arroz que elegíamos, lo cual no nos costó nada, porque al leer pato, setas y trufa los ojos nos hicieron chiribitas y automáticamente se nos puso una sonrisa en la boca, ese arroz debía estar delicioso y tenía que ser nuestro.

Cuando llegamos confirmaron nuestra elección de arroz y tras preguntarnos qué queríamos beber empezaron a sacar los entrantes. Comenzamos con la sardina ahumada, que estaba espectacular y el tomate concasse y la mousse de queso de cabra que la acompañaban era verdaderamente los compañeros perfectos. Seguimos con la ensalada, una ración generosa y con una combinación de sabores del escabeche y la vinagreta muy interesantes. El último entrante fueron las croquetas que si bien estaban buenas y jugosas, no me parecieron nada destacable. Tras los otros dos entrantes con sabores tan potentes, me parecieron un poco insípidas, igual habría que poner otro entrante como final, o alterar el orden de los mismos.

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Tras los entrantes llegó el turno del arroz, que he de decir que satisfizo nuestras ansias lujuriosas que habían hecho que estuviésemos salivando desde que leímos el menú, sabroso y en su punto. De hecho cuando trajeron el perol pensamos… ¡qué barbaridad, va a sobrar! Pero no, cuando algo está tan rico es un delito dejar algo en el plato, así que nos lo tomamos con calma, repetimos y cayó señor@s, cayó. No dejamos ni un grano de arroz.

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Le tocaba el turno al postre y, afortunadamente estuvo a la altura del resto del menú, porque no hay nada peor que estar disfrutando de una comida fabulosa y que se estropee todo al final. Pedimos un postre de cada, para tener la oportunidad de probar los y he de decir que ambos estaban estupendos. La tarta de zanahoria estaba jugosa y húmeda pero después de la comilona que nos habíamos pegado, he de decir que resultaba algo pesada como postre. El sorbete en cambio no solo estaba delicioso, sino que además resultada el cierre perfecto para el menú. Fresco, ligero, con trocitos de fruta natural y con la gelatina de Gin Tonic que la hacía algo más interesante que si sólo hubiesen servido dos bolas de helado. Así que cuando vayas si ya te has quedado llen@, te recomiendo que esa sea tu elección.

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Nota: 8’5/10. Un local con decoración limpia y minimalista pero que conserva restos de la casa antigua en que se emplaza, como un par de arcos de piedra. No es un espacio muy grande pero está bien aprovechado y las mesas no están demasiado juntas, como ocurre a veces en este tipo de establecimientos. El gran pero, la iluminación y la climatización. Nos acomodamos en una mesa al principio del comedor por consejo del camarero que nos dijo que al fondo hacía más frío… ¿más? Pues que lo regulen mejor, porque yo acabé la comida con la chaqueta puesta. En cuanto a la iluminación, está empotrada en el techo y no está bien direccionada hacia las mesas, por lo que depende de dónde te sientes, apenas tienes luz (como fue nuestro caso).

La comida, como ya os he explicado tiene alguna cosilla mejorable pero muy buena. El servicio atento y muy profesional, pero tratándose de unas jornadas de arroz y vino valencianos, cuando te preguntan qué quieres beber la cuestión no debería ser sólo elegir entre blanco o tinto, podrían darte a escoger entre unos cuantos vinos, recomendarte… y además una sola copa se queda un poco corta. En el precio entra café o infusión, pero con una comida así no hay necesidad y si te apetece, probablemente prefieras dar un pequeño paseo, ir a otro lado y alargar la sobremesa. Mejor sería incluir otra copa, y así poder degustar un vino con los entrantes y otro con el arroz.

Sabéis que soy exigente y siempre tengo que sacarle peros a todo…aunque como conclusión, una experiencia muy buena y que no me importaría repetir.

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