¡Bienvenidos a la era Tinder!

Seguro que en algún momento has escuchado la palabra “Tinder”. Incluso, aunque te cueste reconocerlo, seguro que en algún momento lo has utilizado o has sentido la tentación. Es una de las marcas de moda entre jóvenes y no tan jóvenes en todo el mundo y trajo la revolución al mundo del amor. Bienvenidos a la “era Tinder”.

Igual no recuerdas cómo te enamoraste la primera vez, ni cuando, pero seguro que recuerdas quién fue tu primer amor. Quizá haya sido el único en tu vida y eres un ser un tanto extraño en la sociedad actual. Si ese es tu caso, ¡enhorabuena!

Cuenta la agencia valenciana AgenciaSEO.eu que las búsquedas en internet sobre amor en Tinder e Instagram se han disparado en los últimos años, superando a otras búsquedas del tipo “cómo ligar en una discoteca” y convirtiéndose así en los auténticos cupidos del verano.

Instagram y Tinder, los nuevos cupidos digitales.

Como usuario activo de Tinder en los 2-3 últimos años, he de decir que mi opinión es más bien negativa. Podría decir que me da cierto asco, pero eso sería un poco fuerte. De Instagram mejor ni hablo, creo que saca a la luz los peores defectos del ser humano en la nueva década, como son la vanidad, la prepotencia, la chulería y las ganas de impresionar a otras personas con una vida que, en muchos casos, no es real. Aún así os animo a que sigáis nuestra cuenta, colgamos fotos chulas.

Quizá en este momento te estés preguntando qué es Tinder. Para muchos, se trata de una app/red social para follar. Yo prefiero dejarlo en que es una app/red social para conocer gente (vamos, para ligar) y que tiene un mecanismo tan simple como adictivo. En un par de minutos tienes tu perfil creado, subes tus mejores fotos y entras dentro del selecto club de modelos de Calzedonia. Bueno, es posible que tú seas el modisto y no el modelo.

Es en el momento en el que comienzas la selección de candidatos y candidatas en el que notas la magia que tiene esa puñetera aplicación y lo mucho que engancha. Un candidato y dos opciones: izquierda (paso de ti, feo) o derecha (vamos a pasarlo bien hasta el amanecer, nene). Y, aunque sepas de lo enormemente superficial que es esta aplicación, engancha un montón. ¿Estás esperando al metro? ¡A swipear! ¿Estás comiendo y nadie te da conversación? ¡A swipear! ¿Estás en el baño… cagando? ¡A swipear! Y así te puedes pasar todo el día, swipeando para arriba y para abajo. Bueno, para izquierda y derecha.

Swipear crea adicción

Qué fácil, ¿verdad? Dejaremos el futuro de nuestra vida amorosa en manos de un catálogo de tíos luciendo abdominales y tías enseñando al máximo de lo permisible sus pechotes. Y ambos lucirán morritos, seguro.

Aunque hay que ser sinceros, de vez en cuando encuentras alguien interesante. A partir de ahí comienza el mecanismo de algo que años atrás era tremendamente siniestro, porque todos los seres que habitaban en internet eran oscuros, siniestros, asesinos en serie y olían mal. Algo tan sencillo como entablar conversación. Ojo, sólo si los dos le habéis dado al “me gusta”. Sin “me gusta” mutuo, no hay posibilidad de entablar conversación.

Claro, a partir de ese momento, te lo juegas todo a una carta. Porque lo de ser físicamente atractivo no es siempre lo principal. ¿Le hablo yo o me hago el duro y espero a que me hable ella? Venga va, hablo yo. Pero, ¿cómo empiezo la conversación?

En serio, esto no es tan fácil como parece. De hecho es complicado, porque lo normal es que, al igual que está hablando contigo, esté hablando con otros en ese momento. Y tienes que destacar por encima del resto. Y los típicos tópicos del tipo “¿de dónde eres?”, “¿cuántos años tienes?” o “¿a qué te dedicas?” son tan soporíferos como aburridos.

Cuando ya llevas unos días hablando, si es que no has entrado dentro del top de aburridos/pelmazos/no interesantes, es posible que quedéis. Y en ese momento tienes que asegurarte de dar el 115% de tu mejor versión. O más. Porque de ese 115% dependerá que seas un café, una cena, una comida, una copa, un polvo o, quizá, el inicio de una bonita historia.

Sí, el amor también existe en Tinder, por extraño que parezca. Pero, ¿es amor verdadero? ¿Es duradero?

Pues hay quien dice que sí, por extravagante que parezca. De hecho, hay quien cuenta que tiene amigos o amigas que han llegado a casarse con una persona que conocieron en Tinder y que no se han divorciado al primer mes. No haremos coñas con los divorcios, que las tasas están como están y hay mucha gente pasándolo mal por estos temas.

Todo ha cambiado, amigos y amigas. El amor (o la seducción) desapareció tal y como lo conocimos. Es más, seguro que no soy el único que hoy en día se ha visto atraído por una persona y, en vez de entablar un cara a cara, ha tirado de Tinder para ver si la encontraba. Porque claro, ya tenemos una edad en la que miramos más si lleva anillo que el culo. Bueno, no. Miramos más el culo, pero también si tiene anillo.

Se acabó entrarle a alguien en un bar, nos da miedo. Se acabó conocer a alguien en el trabajo (a mi me han llegado a decir “preferiría haberte conocido en Tinder y no aquí”, menuda excusa barata). Se acabó eso de que un amigo te presenta a una amiga de su novia/mujer (saben demasiado sobre ti y no te recomiendan a nadie). Todo se hace online. No sé si por falta de tiempo, por falta de valentía o por pura comodidad. ¿Somos más valientes tras una pantalla? Seguramente, pero quizá vendemos algo que realmente no somos.

¿Qué soltero de una franja de edad entre los 18 y los 45 no está en Tinder o cualquier red social de este tipo? ¡Si hasta mi padre tiene un perfil en POF (Plenty Of Fish – lleno de peces, te cagas) con 60 años! A ver si estas cosas no son tanto de jóvenes… Por cierto, papá, tu perfil es un desastre, haz algo con él.

El problema es que esto nos ha llevado a una era de superficialidad y falta de compromiso como creo que no ha habido jamás. Desde que follar es fácil, enamorarse es difícil. Todos nos hemos convertido en objetos de usar y tirar sin valor alguno. Sí, tú también. Lo siento.

Traumas, decepciones, engaños y desengaños… muchas situaciones que afectan a las personas y que generan una sensación de desánimo y desamor colectivo que es tremendamente triste. Una lástima. Gente maravillosa que te dan citas extraordinarias pero que simplemente necesitan olvidar por unas horas o cambiar a esa persona que tanto les hizo amar. Y no se puede cambiar a nadie. Todos somos únicos e irrepetibles.

Pero ya os digo, cuentan, dicen, comentan que hay historias de amor de verdad, de las que acaban con final feliz. Igual algún día os cuento la mía.

PD: el valor en bolsa de Match Group, compañía propietaria de Tinder, el día se su salida al mercado era de 2.900 millones de dólares, con un valor de 12 dólares por acción. Hoy, 21 de agosto de 2018, el valor de cada acción es de 48 dólares. Al final todos ganan.

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