“Arroz y tartana”, la sociedad valenciana vista por Blasco Ibáñez

“Para que vivan unos hay que devorar a otros”

El escritor Vicente Blasco Ibáñez, a través de su novela “Arroz y tartana” muestra cómo era la sociedad valenciana en el siglo XIX, una sociedad que, a fin de cuentas, no ha cambiado tanto hoy en día. “Para que vivan unos hay que devorar a otros”, este fragmento del libro describe a la perfección el sentimiento que quiero transmitir en estas líneas. Y es que, la codicia, el querer más una vez pruebas el poder, hace que todo en esta vida se mueva, desgraciadamente, por intereses. Nunca entenderé como la gente es corrompida por el dinero tan fácilmente, es frustrante que haya personas que no conozcan ese límite y jueguen con vidas humanas para ganar dinero. En el libro, una de las protagonistas llega incluso al adulterio, manteniendo una relación con el marido de su amiga con tal de no caer en la ruina, aprovechándose de su alto poderío económico. En el mundo de hoy en día vemos como hay gente que, con tal de ver aumentada cada vez más su riqueza y su poder, es capaz de explotar a menores de edad para que elaboren productos que luego venderán, es capaz de engañar a personas prometiendo una vida mejor y acabar metidas en la prostitución presas de las mafias, o incluso de dividir familias enteras por secuestrar a uno de sus miembros y obligarle a trabajar en condiciones infrahumanas.

Las personas deberían ser menos egoístas y pensar que todos somos iguales, tengas la vida resuelta o no. Todo cambiaría si la gente fuera consciente de que un día puede ser uno mismo quien se vea en esa situación, pero es más fácil vivir en la ignorancia y autoconvencerse de que eso nunca te pasará.

Otra de las cosas que me llamaron la atención es que la imagen que tenían los políticos en la sociedad de aquella época es la misma que se vive hoy en día en nuestro país. Los personajes de “Arroz y tartana” ven a los políticos como una panda de volatineros, unos farsantes que solo entran en el Gobierno para robar. Esta misma imagen se ve reflejada en los políticos de la actualidad.

mujeres

Sin embargo, no todo son similitudes con ese siglo. El rol de la mujer ha ido cambiado a medida que ha ido pasando el tiempo. Es verdad que aún hay diferencias entre ambos sexos pero no tiene ni punto de comparación con la mujer que veíamos en aquella época, una mujer que aún sufriendo el adulterio por parte de su marido seguía viéndole como un modelo figura. Ahora, en ocasiones, las parejas no se divorcian no por no aguantar una infidelidad sino porque en una situación de crisis económica no todo el mundo se puede permitir los gastos que corren a cuenta de un divorcio o pagar la luz, el agua y demás gastos que conlleva mantener un hogar. La mujer ahora es más independiente puesto que puede trabajar por un suelo decente y no como antes que, aquellas que podían hacerlo, cobraban míseros salarios, estando prácticamente esclavizadas.

El querer aparentar lo que no se es con tal de ser alguien en la vida, en la actualidad se da algún caso similar pero no hasta tal punto como en la novela que, la protagonista, hundida entre pagarés y deudas, prefiere antes aprovecharse de la bondad de su hijo pequeño y gastarse una fortuna en mantener su carruaje o en invitar a sus amigos, antes que vender la casa que tiene en Burjassot. Y es que, en aquella época sobre todo, tener una villa para el verano, era un complemento de una familia distinguida.

tartana

Otra de las diferencias entre el siglo XIX y hoy en día es la edad en la que los niños en España empiezan a trabajar. En “Arroz y tartana” vemos como Juanito, uno de los hijos de la protagonista, comenzó a trabajar en una tienda como aprendiz a los 13 años. En la actualidad una parte de los jóvenes ni estudian ni trabajan; los llamados “generación ni-ni”, y no siempre precisamente condicionados por la crisis económica sino porque tampoco se preocupan por buscarlo. En la novela de Blasco Ibáñez vemos a los “hijos de papá” no estudiar ni trabajar pero, en mi opinión, no se pueden considerar “generación ni-ni”, simplemente, sus padres creían que con la fortuna que heredarían no necesitaban ganarse la vida porque ya la tenían resulta.

No solo se pueden destacar de este relato diferencias y similitudes de la época de entonces y la actual sino que también sirve para conocer el pasado de Valencia; cuáles eran sus tradiciones y sus fiestas populares que aún siguen vigentes. Un dato que me llamó mucho la atención fue el origen de las Fallas. Desde siempre he visto a los ninots representando, en su gran mayoría, a entidades públicas y a famosos pero gracias a Blasco Ibáñez he podido descubrir que no siempre ha sido así. Al principio se representaban escenas de la vida cotidiana, murmuraciones de vecinos, etc. Sin embargo, a medida que iban pasando los años iban manteniendo de rondón en la política, convirtiendo las fallas en burlas a los gobiernos y caricaturas de la autoridad. Además de desconocer la evolución de las temáticas representadas a través de los ninots de las fallas, tampoco sabía que era una costumbre árabe que poco a poco transformamos en una proteste de la “plebe”.

1884. Fuente: valenciablancoynegro.blogspot.com
1884. Fuente: valenciablancoynegro.blogspot.com

Por último cabe destacar que ya en el siglo XIX se podían ver en los mercados a personas regateando, no por economía sino  por costumbre, y a gente que no podía pagar la licencia para vender y lo hacían ilegalmente, como lo hacen ahora los llamados “top manta”.

A pesar de que la sociedad ha ido evolucionando con el paso de los años, dejando atrás la diferenciación tan marcada entre las clases, se siguen teniendo problemas muy similares a los de entonces.

Recuerda que puedes compartir este artículo con los botones de aquí abajo.

Puedes seguirnos en Twitter: @ValenciaCulture, @M_Landete

Síguenos en Facebook: Valencia Culture Magazine y Top Valencia

Suscríbete a Valencia Culture Magazine

Suscríbete en nuestra web y recibe toda la información de Valencia al instante

Be the first to comment

Deja un comentario