Y ahora sí, llegó el fin del Valencia CF como siempre lo conocimos

entradas-Cirque-Soleil-ticketea

Si tienes cerca a tu persona amada, mírale a los ojos durante un par de segundos y recuerda ese instante en el que vuestras miradas se cruzaron por primera vez y supiste que aquella sería la persona con la que pasarías el resto de tus días.

Si en cambio eres de los que han sufrido un desamor, de los que creíste que aquel enamoramiento sería eterno, que todo sería increíble durante el resto de tu vida y que viviríais juntos para siempre, seguramente esta historia te suene de algo.

El Valencia CF ha emitido hoy un comunicado anunciando la jubilación de Españeta. Un empleado más, al fin y al cabo. Pues no, era el empleado. El nexo de unión entre lo que fuimos y lo que vamos a ser. Entre un club con sus peculiaridades, pero histórico y glorioso, y un club que nadie sabem en qué dirección va y qué futuro le espera.

Españeta era el último elemento que quedaba de una época con la que muchos hemos crecido. Incluso vamos más allá, porque Bernardo vivió una época que a muchos conocemos solo de oídas y de vídeos e imágenes puntuales: la etapa de Kempes, la victoria en la Copa del Rey del 79 o el descenso en el 86. Todas esas épocas tenían un vínculo común, y era él.

En una época como la actual, donde los futbolistas son mercancía a precio de capricho de multimillonarios de nacionalidades distintas al club del que son dueños, donde la sociedad les eleva a unos altares claramente inmerecidos, donde la gomina, los tatuajes, la ropa de dudoso gusto y los coches de altísima gama están muy por encima de los valores que debe transmitir el deporte, figuras como la de Españeta son claves para enseñar a esta serie de veinteañeros sin más principios que el amor por el dinero lo que es el respeto a una entidad que siempre será más importante que ellos, sus egos y los deseos de sus representantes, quienes se aprovechan del talento de unos jóvenes tocados por la varita mágica del destino para llenar unas cuentas corrientes que no serán capaces de vaciar ni en cinco vidas.

Españeta cambiando los tacos de las botas a un joven Robert Fernández – futbolemotion.com

Y todo esto es extrapolable a una entidad como el Valencia CF, un club que cada vez sentimos menos como propio, cuando realmente forma parte de nuestras vidas. Hay dos frases muy ciertas que pueden describir la pasión por el fútbol: “el fútbol es la cosa más importante de las cosas no importantes” y “puedes cambiar de casa, de coche o de trabajo, pero nunca cambiarás de equipo”.

Una serie de catastróficas gestiones nos han llevado al punto en que nos encontramos en la actualidad. Yo, que sigo el fútbol desde allá por el año 91, que mis recuerdos de la infancia me llevan al Luis Casanova de la General de pie, a un césped rodeado por finas vallas verdes, al vendedor de refrescos y palomitas, al primer año de abonado en la temporada de Parreira o a cuando mi primo me regalaba las revistas que le daban a la entrada del estadio, ya no siento este club como propio.

Es cierto que nunca lo ha sido. La maravillosa idea de convertir los clubes en SAD hizo que la propiedad saltase del abonado al accionista mayoritario de turno. Y con menudos nos hemos topado. Por eso me entraba la risa cuando hablaban de que el Valencia ya no era de los valencianistas con la venta a Meriton. No, el Valencia no es de los valencianistas desde el 92 o el 93. El Valencia ha sido de Roig, de Soler, de Dalport (grande, Soriano), de la Fundación (gracias por el marrón, Generalitat) y ahora de una entidad de Singapur que cada día transmite una mayor sensación de no saber dónde se a metido y, lo que es peor, no saber dónde va.

Vicente Soriano y Juan Soler, una dupla genial – elconfidencial.com

Y no saber hacia dónde vas es lo peor que le puede pasar a un club, especialmente en una época como esta, en la que ser de un equipo que no sea Barcelona , Madrid o Atlético es muy, muy jodido. Preguntaba una vez mi compañero de trabajo, natural de Santander: “¿Vosotros de qué equipo sois en Valencia?”, y a la respuesta “del Valencia, por supuesto” su contestación fue “no, pero de los grandes”. Ya hemos perdido ese status cara al exterior, y en nuestra propia casa nos dividimos entre los que quieren pitar y los que creen que no deben.

Posiblemente uno de los motivos sea que hemos perdido esa esencia de club, esa tradición que se esfuma con la marcha del bueno de Españeta, ese hombre que fue capaz de cobrar un cheque con la firma de Kempes que él mismo había hecho, ese hombre que era quien firmaba los balones para evitar ese esfuerzo sobrehumano a las estrellas (muchas veces estrelladas) de turno, ese hombre cuyo perro se llamaba Anglomá porque decía que tenía la misma cara que el lateral francés, ese hombre que nunca tenía una mala cara ni un mal gesto para ningún aficionado, ese hombre que, presentación tras presentación, era el integrante más aclamado de la plantilla.

Kempes, Españeta y Maradona

Meriton debe empezar a mirar esas pequeñas cosas que hacen a un club grande, porque el Valencia, cada día que pasa, es menos Valencia.

Puedes seguirnos en Twitter: @ValenciaCulture y @Monle85

Síguenos en Facebook: Valencia Culture Magazine

Suscríbete a Valencia Culture Magazine

Suscríbete en nuestra web y recibe toda la información de Valencia al instante

Be the first to comment