De Cupido nadie se enamora – Capítulo 5

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Y creo que muero si no siento el roce de tu cuerpo junto a mí.

Recuerdo tus labios y esos ojos que al mirar casi hacen daño.

(El roce de tu cuerpo -Platero y tú-).

guitarrista

“Querida amiga Elvira, no sufras más por ese hombre. Quédate con esta frase: Cuando encuentres al hombre adecuado te darás cuenta por qué nunca tu relación funcionó con ningún otro”.

Todas mis frases las saco del facebook, debo reconocerlo. Algunas me dan la risa, no me las creo ni yo, pero al parecer a mis radio oyentes les gustan porque cada vez tengo más audiencia. Pego un largo trago a mi café mientras suena otra canción.

-Cada día te superas a ti misma. -Dice Dani en tono burlón emergiendo de la cabina.

-No sé a qué te refieres.

-Tus frases son vomitivas.

-Aunque me cueste creerlo, un día te enamorarás y todas mis frases vomitivas te parecerán hermosas frases de amor que expresarán lo más profundo de tu alma.

-En serio Lolita, dedícate a escribir alguna porquería de esas de novela romántica; se te daría muy bien.

-Todas mis frases las saco de internet.

-Eso es plagio.

-Se te va a salir el pajarito.

-¿De qué estamos hablando?

Dani lleva la cremallera abierta; siempre tan descuidado…

-¡Ah! Se me ha roto. ¿Conoces a algún zapatero que pueda arreglármela?

Lo cierto es que sí; pero no creo que se alegre de volver a verme.

La universidad me generaba más gastos de los previstos. Bueno, la universidad y el nuevo giro que había tomado mi vida social. Salía mucho: cine, discoteca, bares, compras,… Y el dinero que me daban mis padres no cubría todos mis gastos así que tuve que buscarme un trabajo de camarera. Lo curioso es que trabajando ya no tenía tantos gastos como antes porque no me quedaba tiempo para todo lo demás, salvo las compras. Mi vestuario dio un giro de ciento ochenta grados. Cambié las lentillas por unas gafas de pasta que me daban un look intelectual más acorde a mi etapa universitaria. Cambié las mini faldas por los vaqueros y las camisetas ajustadas por blusas más elegantes, chaquetas de punto y americanas. Junto a la cafetería en la que trabajaba, había una pequeña zapatería. Un día salió el zapatero a la puerta dispuesto a fumarse un cigarrillo tranquilamente. A mí casi se me cae la bandeja al suelo cuando lo vi. Alto, pelo rubio oscuro (un poco largo para mi gusto), mandíbula cuadrada… en conjunto muy varonil. Llevaba puesta una camiseta negra de los Rolling Stones. Parecía más un cantante de rock que un zapatero. A partir de ese día mi curiosidad fue en aumento. Intentaba a toda costa servir en la terraza a las horas que sabía que él saldría a fumar. Mi corazón latía aceleradamente cada vez que lo veía y esas mariposas del estómago de las que tanto hablan, acamparon a sus anchas dentro de mí. Tenía que hacer algo para conocerlo. Y no se me ocurrió nada mejor que romper los tacones de mis zapatos para tener una excusa para visitar su zapatería. Martina pensaba que estaba loca pero una tarde me visitó en la cafetería y al ver al hombre de mis ensoñaciones parado en la puerta de su zapatería, no tuvo más remedio que darme la razón. Martina me ayudó a romper los tacones de todos mis zapatos. Nunca imaginé que resultara tan complicado. Hasta cinco veces visité la zapatería y ni siquiera sabía su nombre. Estaba resultando una misión imposible pues no despertaba mayor interés en el zapatero.

-Se te rompen mucho los tacones. -Dijo con una sonrisa.- ¿Has probado a llevar menos tacón? Así corres el riesgo de provocarte un esguince.

-Seguiré tus consejos. -Contesté forzando una sonrisa.

A esas alturas debía pensar que era tonta. Entonces se oyó de fondo la canción de “El roce de tu cuerpo” y se me ocurrió decir:

-¡Me encanta Fito!

-La canción es de cuando era componente de “Platero y tú”.

Definitivamente debía pensar que estaba tonta. Pero siguió diciendo:

-Si te gusta Fito puedes venir mañana por la noche a “La fábrica”; mi grupo da un concierto tributo a “Fito y los Fitipaldis”.

-¿Estás en un grupo? ¡Guau! -¿¡Guau!? Lolita, cierra la boca si sólo vas a decir tonterías.

-Soy guitarrista. Por cierto, no nos hemos presentado. Yo soy Elías.

-Lola. Estaré encantada de ir a ese concierto.

Tuve que chantajear a Martina para que no fuera ese fin de semana al pueblo y me acompañara al concierto. Y como en mi destino estaba escrito que Elías fuera “el primero”, esa noche acabé entre sus brazos. No pasó nada más; ese día claro. Empezamos a salir y yo me convertí en una de las “groupie” de su banda. La primera vez que estuve con él fue en su piso. Diría que fue muy romántico y en su momento me lo pareció pero ahora que lo miro con perspectiva, no lo fue tanto; ni siquiera se quitó los calcetines. Tenía miedo porque mis amigas contaban que dolía mucho pero lo cierto es que yo lo disfruté mucho. Estaba muy enamorada de Elías y entre sus brazos nada malo me podía pasar, ¿o sí? Estuvimos casi un año juntos. Justo el día de nuestro aniversario descubrí de la peor manera que yo no era la única. Tenía que ir al pueblo más de lo que me gustaba porque mis padres no sabían que tenía una relación con Elías. Era diez años mayor que yo y temía que mis padres pusieran el grito en el cielo. Como era nuestro aniversario, quise darle una sorpresa y regresé del pueblo antes de lo previsto. La sorpresa me la llevé yo. Al llegar a su piso llamé a la puerta y me abrió él, completamente desnudo.

-¿Me estabas esperando? -Dije con una sonrisa picarona.- Mejor, así no perdemos el tiempo.

Lo besé y sumida en mi momento de pasión percibí movimiento por el rabillo del ojo. Tirada en el sofá había una chica completamente desnuda.

-Lolita, esto… -No sabía ni qué decir.

-¡Cabrón!

Le crucé la cara de un bofetón y salí de allí corriendo. Llamé al trabajo y alegué que estaba enferma porque no quería tener que enfrentarlo. Lo bloqueé en el móvil para que no me siguiera molestando y me fui una semana al pueblo. Lamentablemente tarde o temprano tenía que dar la cara porque mis estudios y mi trabajado me reclamaban. Justo el primer día de trabajo volví a verlo. Elías se acercó a mí cuando estaba atendiendo en la terraza.

-Lola, tenemos que hablar.

-¡No te acerques a mí! -Dije más alto de lo normal. Los clientes se giraron.- Temo que me contagies alguna enfermedad.

Elías se cabreó de verdad; lo supe por su cara.

-¡Está bien! Tú lo has querido así.

Entré a la cafetería dejando mis clientes sin atender. Tomé un buen trozo de pastel de selva negra y lo devoré con ansias mientras lloraba escondida en el almacén. ¿Acaso que estuviera tirándose a otra en el sofá justo el día de nuestro aniversario tenía una explicación plausible? ¡No! No la tenía. Tiré el plato con todas mis fuerzas y se rompió en mil pedazos, como estaba mi corazón en esos momentos.

[Continuará…]

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6 comentarios en De Cupido nadie se enamora – Capítulo 5

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